lunes, 24 de marzo de 2014

CUANDO EL ODIO ACUDE PUNTUAL A LA CITA

Sorprendido, me abofeteó tu imagen de vestal impropia. Tranqué las mandíbulas, los nudillos de mis manos se amorataron con la presión y un cirio me iluminó la cara. Vomité bilis verdosa, amarga como el sabor de tus labios. No deseaba verte nunca más. Estabas vestida con la pasión más antigua del hombre. Quise cercenar tu imagen pero no encontré navajas para hacerlo.



Veracruz, octubre de 2005

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