miércoles, 18 de diciembre de 2019

UN POEMA DE ELENA PONIATOWSKA




Mi madre, mi hija

Mamá, soñé anoche
que te encontraba
sentadita y pequeña,
recargada en la puerta.

“¿Qué haces y qué buscas?”,
interrogué temblando
y tú me respondiste
te estoy aquí esperando.

Te tomé en mis brazos
y no pesabas nada,
eras polvo de estrellas,
mi dócil niña triste.

Por encima de todo,
al abrazarte entonces
me vino la certeza
de una niña linda
que nació de noche
y quiere que la lleven
a pasear en coche.

Ediciones Era 2018
Imagen: Leonora Carrington


EL MAR AZUL EN TUS PALABRAS



Eran las cuatro de la madrugada cuando Miroslava me llamó por teléfono. Adormilado aún, no reconocí su voz, y tuve que aguardar unos segundos para distinguir el timbre de sus palabras:
     —Andrés  —Me dijo con su voz de mar en calma—. Por favor desvísteme con tu poesía.
El océano se desplazó lentamente como encaje blanco en una playa de arenas desmayadas. Su marea se regía en una perpetua lectura de notas en pentagrama. Un adaggieto solemne, inmarcesible.
Miroslava rezó en silencio de marea tenue:
     —Abrázame desnuda con tus sonetos que me calcinan toda. ¡Te lo suplico! Mi corazón late en sístole perpetua.
     El auricular se extravió entre sábanas y almohadas. Me vestí como pude y salí a su encuentro. Al entrar a la recámara de Miroslava, una vorágine de aguas de océano se filtraba a través de las paredes, y un párpado de luminosidad azul acero, rodeaba el lecho de mi amada.

José González Gálvez 

Coatzacoalcos 27 de febrero de 2019

Imagen: Joaquín Sorolla y Bastida

OTRO POEMA DE FRIDA KAHLO




en la saliva
en el papel.
en el eclipse.
En todas las líneas
en todos los colores
en todos los jarros
en mi pecho
afuera. adentro—
en el tintero — en las dificultades de escribir
en la maravilla de mis ojos — en las últimas
líneas del sol (el sol no tiene líneas) en
todo. Decir en todo es imbécil y magnífico.
DIEGO en mis orines — Diego en mi boca — en mi
corazón, es mi locura, en mi sueño — en
el papel secante — en la punta de la pluma —
en los lápices — en los paisajes— en la
comida — en el metal — en la imaginación.
En las enfermedades — en las vitrinas —
en sus solapas — en sus ojos — en su boca.
en su mentira.

Revista literaria El Faro I
Agosto de 1983

Imagen: Manuel Álvarez Bravo

FRIDA KAHLO: ESCRITURAS




“¿Y por qué no podría ir la pluma de Frida al lado de su pincel?”, se pregunta Antonio Alatorre en el prólogo que acompaña este libro. Es verdad. De ahí el acierto de esta compilación de textos de Frida Kahlo y que apenas ahora comienzan a develar otra faceta de su vida: su pasión por el lenguaje. El talento de esta pintora mexicana inundó todos los aspectos de su vida; su escritura no podía estar libre de este influjo.
     En Escrituras, seremos íntimos cómplices del encuentro entre la pintora y sus amistades, sufrimientos, ideas artísticas y políticas, sus amores, y por supuesto, Diego Rivera.
     Hechas con un lenguaje “relajiento”, como ella misma decía, sus cartas son una fiesta llena de juegos de palabras, neologismos, caló mexicano, desparpajo y lucidez. Tanto la selección de cartas como las notas que las acompañan fueron realizadas por Raquel Tibol, estudiosa de la vida y obra de Frida Kahlo, quien ha logrado hacer de Escrituras la versión más completa que existe hasta ahora de textos de la pintora.

Random House Mondadori 2004
Fotografía de portada: Manuel Álvarez Bravo

domingo, 17 de noviembre de 2019

UN POEMA DE JUAN JOSÉ ARREOLA


 

A OCTAVIO PAZ

Estas que ves, palabras deslumbradas
de mirarse en tu espejo, amigo mío,
al son del corazón te las envío
y espero que las halles bien halladas.

Voy a ganar si juego tus espadas
palabras en su límpido albedrío…
¿Lo que voy a decir es tuyo o mío,
o es de Nerval un cuento de hadas?

Tenebroso. Ya la lira de Orfeo
se me cae de las manos, desdichada.
No creo en el infierno en que creo.

¿Cruzaré el Aqueronte, Octavio arcano?
Yo sé que sí. Mi mano ya está dada
y voy al misterio tomado de tu mano.

Fondo de Cultura Económica 2018

TU NOMBRE EN LA LUZ DE OTOÑO


 

Me niego a olvidar tu nombre. Eres labios que humedecen mi boca, imagen prendida en mi conciencia, calor quemante en la piel, fermento de cielo, implosión de estrellas, diáspora de libélulas, cenizas que refulgen vida, latido de espigas en silencio, dermis azúcar mascabada, ojos como alondras que vuelan en otoño.

    Anoche te soñé: un mar plácido de caléndulas se desplazaba lentamente a tus lados. Tu cuerpo dormido estaba cubierto de ventanas, y a través de ellas descubrí tu alma nimbada de luz insólita, una reverberación sublime como la cresta pulsátil de la aurora boreal.

     Me niego a olvidarte, tu nombre está anclado en la membrana transparente de mi corazón. Un corazón abierto en sus cuatro cavidades.

José González Gálvez 

Xalapa de Enríquez agosto de 2018

Imagen: Nadine Markova

JANIS JOPLIN: TODO UN VEHÍCULO DE EMOCIONES


 
                                                               El mito es Janis Joplin, la niña perdida, la  nena
                                                                            enferma de amor entre tanta paz, tanto incienso,
                                                                            tanta nada.
                                                                           Jerry Rubin-Do it          

Estoy muy triste porque las cosas que ayer estaban, hoy ya no están. Recuerdos de un pasado hermoso pero a la vez sombrío. Sin duda los momentos alegres son los que nos levantan. El futuro a veces es muy triste. El pasado ya no existe pero ciertos recuerdos nos hacen entristecer. Hay personas que el presente no lo viven, tanto, como debieran, más bien viven del pasado o del futuro. La vida se va muy pronto. La tristeza en la mirada de una nena. Sentimiento profundo en un escenario que se eleva, Música que penetra. Un grito constante que libera a un alma lastimada.
             “Soy como una tortuga escondida bajo su concha callosa
              pero, sabes, estoy muy bien protegida
              conozco esta maldita vida demasiado bien”.
                                                                       Turtle blues
     Los momentos íntimos de una chica sensitiva. En Monterey (California) en 1967 meciéndose y señalando con el dedo índice a quien lo quiera recibir en el infinito. Un chillido como bruja invocando a los espíritus. En aquellos tiempos el Big Brother and the Holding Company impaciente e inventivo. Rock, Jazz, Folk, Soul, Blues. Monterey ya no está, Janis Joplin tampoco y el Big Brother ya no es el mismo. Lo que antes fue vida, energía, sentimiento, en una hermosa voz se ha ido. Algo escapó de la música, y de dentro de Janis. Creo que una mujer nunca podría hablar de lo que fue Janis Joplin. Hablar de ella implica ir más allá de la música. Una unidad trascendente. No fue sólo la mejor cantante blanca de la década, sino que fue una historia complicada. Todo un vehículo de emociones. Las manecillas del reloj ya han girado muchas veces y Janis ya no está. Una vida y una voz que llegaba a las entrañas. Mis entrañas. Un joven rostro deteriorado y una colección de pulseras y collares. ¿Ella para quién cantaba? Eso ya no importa, lo importante es tú alguna vez la quisiste y fuiste envuelto en su atractivo frenesí. Si niña, ya no hay más. Todo cambia y el sol sigue brillando en la mañana. Y una niña que cantaba va con el rostro borrado por los senderos de otros mundos. Una joya tentadora… una perla. Ella consigue aún en grabaciones, lo que ella quería que tú sintieras. Janis. Un impresionante afrodisiaco en el estrado. 1943-1970. Murió con la nariz rota.
             “El tiempo sigue adelante, los amigos dan la espalda
              dije más te vale vivir tu vida
              y, más te vale amar tu vida
              oh nene, algún día vas a tener que llorar
              si, seguro; si, seguro”.
                                                                      Kozmic Blues
     Una chica diferente ya sea en Houston, Port Arthur, San Francisco, Austin, New York o Londres. Un día y en un lugar no muy lejano ella comenzó a cantar. Los gritos dislocados y agudos (a veces roncos) me trastornan. Pero sus gritos son con un acento que ya nunca volverá. Tus ojos diabólicos te delatan… “Yo fui una chica sensible”. “Yo compré discos de Bessie Smith y de Odetta”. Yo compré su “Cheap trills”… impresionante… 1,500,000 de sentimiento (1968). Janis: Capricornio/Acuario y un largo aullido nasal.
             “Aaaaaah-Aaaaaah oh yeah”
                                                                      Try
     Dejaba, creo yo, gran parte de su alma en cada canción… y gran parte de su voz. A veces asusta el futuro. Yo no sé si alguien la ayudaba; pero indudablemente que ella te ayudaba… con su voz llena de sentimiento. ¡Ah!, si supiéramos lo que nos espera más adelante. El rock ha sufrido muy malos golpes, octubre de 1970. Janis, adoraba a Bessie Smith, Odetta y a Otis Reddin. En especial a Bessie quien fue llamada en 1970 la emperatriz del blues, 33 años después de su muerte. Su última sesión fue el 24 de noviembre de 1933. Janis actuó por última vez en septiembre de 1970. Cuando tu oyes a Janis en el fondo esta Bessie. Pero ambas ya solo permanecen en grabaciones. Maduró musicalmente en muy poco tiempo. Blues, Rock y un sentimiento como los cantantes de Soul. Pero siempre siendo Janis Joplin. Gran tragedia de aquél que sufrió para morir. Grabó solamente cuatro álbums. Posiblemente el mejor fue su salvaje “Cheap trills”, seguro, estruendoso y muy excitante. Jamás dudó en entregarlo todo… Rompió barreras y a partir de la segunda mitad de la década pasada, cuando se unió al Big Brother, se convirtió en la figura central en la escena del rock. Mostró a las tímidas chicas del rock hasta donde se puede llegar, y además, cual es el camino. Movimientos provocativos, cabello agitado por el viento, mirada de hechicera y a la vez de niña. Cuando cumplió seis años posiblemente rió, años después lloró, y posteriormente murió.
             “Hay un fuego dentro de cada uno de nosotros
              vas a necesitarlo ahora
              puedo asirlo, si
              voy a usarlo hasta el último día en que me muera…”
                                                                    Kosmic blues

José Luis Fletes


domingo, 10 de noviembre de 2019

UN POEMA DE CRISTINA PERI ROSSI


 
                                                              

TANGO


La ciudad no eras vos
No era tu confusión de lenguas
ni de sexos
No era el cerezo que florecía -blanco-
detrás del muro
como un mensaje de Oriente
No era tu casa
de múltiples amantes
y frágiles cerraduras

La ciudad era esta incertidumbre
la eterna pregunta -quién soy-
dicho de otro modo: quién sos.


JUAN MANUEL DOUGLAS

domingo, 8 de septiembre de 2019

UN POEMA DE RUBÉN DARÍO


 
              WALT WHITMAN

En un país de hierro vive el gran viejo,
bello como un patriarca, sereno y santo.
Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo,
algo que impera y vence con noble encanto

Su alma del infinito parece espejo;
son sus cansados hombros digno del manto:
y con arpa labrada de un roble añejo,
como un profeta nuevo canta su canto.

Sacerdote, que alienta soplo divino,
anuncia en el futuro tiempo mejor.
Dice al águila: ¡Vuela!, ¡Boga! al marino,

y ¡Trabaja! al robusto trabajador.
¡Así va ese poeta por su camino
con su soberbio rostro de emperador!

PITA AMOR. LA ENTREGA A SI MISMA (FRAGMENTO)



…Pita sacó de una caja de madera un vestidito plisado de seda azul…Un vestidito de niña, con pequeñísimos bordados de flores…”Este es el vestido de una niña muerta”…Y en el fondo nosotros pensamos más en la niña Pita, en la “niña enorme y viva para siempre”, como dijo Frida Kahlo. Y Pita, en medio de lo mucho que ha vivido, como ella misma lo confiesa, sigue siendo una niña de cabellos enmarañados, de grandes ojos oscuros, con sueños y pesadillas enredadas en las pestañas. Esta niña que vive en un universo infantil de vestidos nuevos, de tules y encajes, espejos, moños, disfraces y muñecas rotas, de berrinches y pataleos, de interminables “yo quiero” y tercos “no me gusta”, trae la luz y las señales del talento en los ojos desmedidos y en la frente delirante…

Elena Poniatowska
Periódico Novedades 26 de septiembre de 1954



JUAN RULFO: FOTÓGRAFO (FRAGMENTOS)



Estamos ante un caso poco común; el de un gran escritor que tomó también una importante cantidad de fotografías notables. Aún no podemos saber si las fotografías de Juan Rulfo (1917-1986) pasarán a formar parte de la historia de la fotografía mexicana del mismo modo que sus cuentos y novela son parte ya de la literatura que México ha dado al mundo, pero quizá la selección de imágenes en este libro —en una colección que lo coloca al lado de artistas, fotógrafos y arquitectos mexicanos— pueda ofrecernos una respuesta.
     Las fotografías de Rulfo son un conjunto de obra mucho más extenso que su literatura que, como es bien sabido, descansa en dos libros publicados durante su vida: Pedro Páramo y el volumen de cuentos El llano en llamas. Existen alrededor de 7 000 negativos, aunque el número de temas sin duda es más reducido, ya que muchas secuencias fotográficas corresponden a un mismo momento. Guillermo Kahlo (1870-1941), de quien se conservan unas 4 500 fotografías, es considerado un autor prolífico dada la precariedad de su equipo y la enorme inversión de tiempo que requería entonces la fotografía (placas, en lugar de los modernos rollos de películas). Rulfo tenía una cámara más moderna. Adquirió su primera Rolleiflex a finales de los años treinta y utilizó ese tipo de cámara durante unos veinticinco años.

                                 

     Guillermo Kahlo, quien se especializara en fotografía arquitectónica, es un caso comparable y un antecedente interesante para Rulfo. Aproximadamente la mitad de las fotografías de Rulfo son también edificaciones. Kahlo hacia 1904, Hugo Brehme a principios de los años veinte y Rulfo probablemente en los cincuenta, tomaron fotografías similares de la pirámide Cholula desde la cubierta de la Capilla Real, entre múltiples cúpulas. El predominio de temas arquitectónicos en las fotografías de Juan Rulfo sugiere un propósito o un proyecto. Su conocimiento de las construcciones y su historia era considerable, por lo que sus fotografías no son neutrales, a diferencia de las de Kahlo, que manifiestan un espíritu formal clásico. Por el contrario, la visión de Rulfo sobre los edificios es expresiva: sentía una atracción por las continuidades y los efectos del tiempo y el deterioro.

     Probablemente las fotografías más notables de Rulfo no sean las de los edificios en sí mismos, sino aquellas donde convergen los lugares (en un sentido menos específico) y la gente: elementos combinados en sus numerosas fotografías de campesinos en pequeñas ciudades provincianas, los pueblos y sus alrededores, que fueron, además, escenario para sus cuentos. Estas fotografías ofrecen una oportunidad única de mirar a través de los ojos de un gran escritor. Son las mujeres y los niños quienes se hacen más presentes en esos pueblos (puesto que los hombres se han ido a buscar trabajo), y Rulfo —fotógrafo— mostró gran simpatía hacia ellos, como podemos deducir de sus ficciones, donde la condición de las mujeres y los niños es una preocupación fundamental. Rulfo tomó fotografías admirables de niños pueblerinos.


                      

     La naturalidad de estas fotografías dice mucho sobre la habilidad de Rulfo para borrar sus propia presencia, una cualidad importante para un fotógrafo, como sabemos gracias a Henri Cartir-Bresson; cualidad natural en Rulfo, cuya personalidad reticente era legendaria. Rulfo utilizaba una cámara de caja que habría sostenido contra su pecho mientras miraba hacia abajo para encuadrar al sujeto en el visor, en lugar de mirar directamente a través de la cámara.

     Los ecos de las tradiciones pictóricas en las fotografías de Juan Rulfo son más hipotéticos que su relación con otras en cuanto al tema y la composición. Existen paralelismos entre algunas imágenes de Rulfo y las fotografías tomadas por Manuel Álvarez Bravo (1902-2002) antes, durante y después de los años en que Rulfo utilizara su cámara (aproximadamente entre 1940 y 1965). Hay fotografías tomadas por Rulfo que se emparientan con imágenes de Álvarez Bravo. Y Álvarez Bravo es sólo el ejemplo más obvio de tales ecos; existen también similitudes con fotografías de Tina Modotti y Edward Weston.

     Pero también podemos hallar asociaciones con la producción fotográfica posterior. Encontramos,  por ejemplo, cierta correspondencia entre las fotografías de Mariana Yampolsky en Estancias del olvido, y las ficciones y fotografías de edificios en ruinas que tomó Rulfo.

     Recordando sus primeros años juntos, Clara Aparicio ha descrito a Rulfo y a su Rolleiflex como inseparables. Pero hacia la época del Homenaje Nacional, en 1980, Rulfo no había usado su cámara con regularidad desde principios de los sesenta. Si este periodo marcó el fin de sus fotografías, fue también el final de una etapa de su vida. La década anterior había sido intensamente laboriosa y pública. Fue durante ese periodo cuando publicó sus dos grandes libros de ficción, El llano en llamas (1953) y Pedro Páramo (1955), escribió su novela corta El gallo de oro (1958) e hizo una importante contribución al cine a través de dos películas avant-garde: El despojo (1959), en colaboración con Antonio Reynoso, y La fórmula secreta (1964), donde colaboró con Rubén Gámez. El trabajo más importante de Rulfo después de este periodo lo llevó a cabo en el Instituto Nacional Indigenista, donde se hizo cargo de las publicaciones, cerca de setenta volúmenes a lo largo de veintitrés años; de modo que el término “antropólogo” podría añadirse al de “escritor” y fotógrafo” en cualquier breve descripción de Juan Rulfo.

Las razones por las cuales una nueva generación de fotógrafos —la generación de Graciela Iturbide— puede no haber conocido la fotografía de Rulfo tienen que ver, finalmente, con la reticencia y modestia de Rulfo. Él pudo haber ejercido alguna presión para que estas fotografías fueran publicadas, pero lo hizo en pocas ocasiones. Casi a pesar suyo, sus dos libros adquirieron el estatus de clásicos (García Márquez y Borges lo dijeron con mayor claridad: su novela es una de las más finas novelas escritas en español y tal vez es cualquier idioma). La modestia lo caracterizó como hombre, como escritor y como fotógrafo. Y aun así nos ha dejado un extraordinario trabajo en ambos medios: la literatura y la fotografía.


Andrew Dempsey
Círculo de Arte 2005
CONACULTA


        

AURA



“Lees este anuncio: una oferta de esa naturaleza no se hace todos los días. Lees y relees el aviso. Parece dirigido a ti, a nadie más”: así comienza Aura, novela hechizante, donde lo verdadero es lo imposible, donde el amor a la vez sacrifica y devuelve la vida, y la inmortalidad tiene un precio que algunos están dispuestos a pagar.
     Pocos textos de la literatura mexicana de imaginación tienen la belleza y la expresividad de este relato en que los procedimientos de la ficción están llevados a sus últimas consecuencias. Las imágenes del sueño alteran la realidad o la realidad se ve contaminada por el sueño. El hecho es que Carlos Fuentes, dueño de todos sus recursos, empleando una nueva, eficaz libertad literaria que revive antiguos mitos e inventa símbolos nuevos, ha dado aliento a una atmósfera de sombras y ecos donde está manifiesto el tema de verdadera identidad, donde el erotismo es una afirmación invencible de la vida y donde el amor vuelve a unirse, por encima del tiempo, a través del mal y de la muerte.
     Aura es más que una intensa historia de fantasmas: es una lúcida y alucinada exploración de lo sobrenatural, un encuentro de esa vaga frontera entre la irrealidad y lo tangible, esa zona del arte donde el horror engendra la hermosura.

Ediciones Era 2012


jueves, 18 de julio de 2019

LOS GATOS DE ULTHAR (FRAGMENTO)



Se dice que en Ulthar, que se encuentra más allá del río Skai, ningún hombre puede matar a un gato; y ciertamente lo puedo creer mientras contemplo a aquel que descansa ronroneando frente al fuego. Porque el gato es críptico, y cercano a aquellas cosas extrañas que el hombre no puede ver. Es el alma del antiguo Egipto, y el portador de historias de ciudades olvidadas en Meroe y Ophir. Es pariente de los señores de la selva, y heredero de los secretos de la remota y siniestra África. La Esfinge es su prima, y él habla su idioma; pero es más antiguo que la Esfinge y recuerda aquello que ella ha olvidado.

H.P. Lovecraft
Revista Tryout noviembre de 1920

Imagen: Aida Emart

domingo, 14 de julio de 2019

EL VERDADERO DOLOR DE REINA MARIANA


 
  
  ¿Cuándo tu voz sonora
  herirá mis oídos delicada?

  Juana Inés Ramírez de Asbaje: Liras

                                                                     Para Alberto Gironella: In memoriam

Volví a casa porque me dijeron que Reina Mariana había muerto. Eso me dijeron, por eso volví.
   Me sentía desolada. Vacía. Esperando eternamente tus palabras. Anoche, ya entrado el horario de los sueños, te soñé, pero no eras tú, era otro con tu máscara, tus ademanes, tu olor y tus pasos firmes resonando en los pasillos.
   Me dijeron que murió de soledad. Olvidada. Que se quedó sentada en la sillita china de la estancia. Cosida de telarañas desde los ojos hasta los pies, incubando comejenes y pequeñas iguanas verdes, con la cabellera reseca manchada de guano de estorninos.
   Leo el periódico todos los días pero no encuentro noticias que me hablen de ti. Corro al escuchar el silbato del cartero que nunca se detiene ante la puerta. Desconozco tu paradero. A veces pienso que nunca existimos, que tanto tú como yo somos víctimas de un ilusionista. Te busco en el aroma de mi piel macerada de recuerdos, en el sonido de la lluvia que amenaza con parecer diluvio, en los espejos donde tantas veces nos vimos desnudos de cuerpo entero.
   Falleció sin edad anotada en el registro de la historia. Cuando llegué a verla, el vuelo de cientos de estorninos me cubrió de humedad. Esperé paciente a que la amortajaran sobre un lecho de juncia. Llevaron una sábana de lino, aceite perfumado, un cepillo y un hilo infinito de perlas engarzadas. Reina Mariana recuperó por un momento su belleza terrenal. Lleno de miedo toqué sus labios fríos y violáceos.
   He llegado a prescindir de alimentos. A veces tomo un poco de líquidos. Agua destilada, algún zumo, jarabe de fruta. Pero es inútil, porque comprendo sin remedio que mi verdadera sed eres tú. Tú, esperándome como siempre en la cama para jugar el juego de los amores clandestinos. Tú recién bañado, con el cuerpo oloroso a jabón de pastilla, a lavanda, a maderas turcas.
   Nadie sabe  si murió pidiendo ayuda. Todos le dimos la espalda. Cuando me fui, cerró puertas y ventanas. Pero alcancé a verla por el ojo de la cerradura. Su imagen de angustia, se me clavó profundo en la cavidad derecha del corazón. La soñé varias noches hasta que su figura marchita desapareció entre los mil apuntes de la rutina diaria.
   Te espero con la mesa puesta, la bata en el armario y las pantuflas cerca del sillón. Sentada en la sillita de la estancia, erguida, fumando un cigarrillo mentolado. Esperando como todas las noches. Entretejida en las trampas de un ritual falso. Obsesionada con tus palabras que ahora me suenan huecas, y tus caricias que me parecen absurdas. Quiero gritar tú nombre mil veces para decirte que te perdono todo: los engaños, las injusticias, la violencia. Quiero rasgarme el pecho para sangrar el veneno de tu recuerdo. Quiero que olvidemos todo y empecemos de nuevo.
   Me dijeron que Reina Mariana murió esperándome. Firme en su postura de monarca  sin reino. Adelgazada por un hilo de luz perpetua, difuminada hasta la eternidad por el vuelo de cientos de estorninos enloquecidos y el ruido monótono de hélices en desorden.

José González Gálvez 

Noviembre de 2000

Imagen: Alberto Gironella

 

MI CORAZÓN DESHECHO ENTRE TUS MANOS


 
                                                                             Con sombras necias, con indicios vanos,
                                                                             pues ya en líquido humor viste y tocaste
                                                                             mi corazón deshecho entre tus manos.
                                                                             Sor Juana Inés de la Cruz

Para Ofelia Medina

Todavía persiste
el olor de tu piel
detenido en mi cuerpo.
En tu hendidura
cabalgo enajenado
hasta que un surtidor
fresca agua de abril
humedece mi entrepierna.
Mi apetito se recrudece
en tus pechos
en tu voz
en tu rito Sábado de Gloria.
Es tu carne suculenta drosera
que todo lo recibe.
Luna que se dispersa
en la palma de mis manos
en el hueco de la axila
sobre las papilas de la lengua.
Te recibo limpia de cicatrices
reposada
inmortal.
Mis ojos abren tu cuerpo
y tu luz me ciega.

José González Gálvez 

Coatzacoalcos 2014

PANFILITA CHEE: EN SU LUZ MAS ÍNTIMA


                                                        
                                                      Tus palabras transparentes en la noche
                                                       son palomas escribiéndose en mis sueños.
                                                     
                                                       Saúl Echeverría

                                                      
Panfilita es una mujer iluminada por Dios, es un ave marina que despliega sus alas para sobrevolar dentro del corazón de todos los que la amamos. Incansable, teje en el telar de los sentimientos un encaje de bondad  y una filigrana de ternura, porque  ha sabido enhebrar la aguja con paciencia y zurcir esos resabios de dolor con la pureza de sus palabras escritas.
     Con sus escritos nos ha calado muy   hondo, y ha llegado a  una profundidad que no conoce límites y no tiene alcances. En el mundo de los sonidos, ha captado la cadencia de las palabras atrapadas en un pentagrama infinito. Escribió   Nicolás Guillén: “El verso es amigo de la emoción, por eso ha de ser fino y profundo como una nota de arpa”.
     Mujer y poeta, amiga y hermana, Panfilita es eterna, es un perfil de luz que todo lo abarca. Es una inmensa gaviota que vuela por encima de las dunas de su Coatzacoalcos de antaño, y llora ante el dolor de un manatí cautivo. “Gaviotita roja”, le gritaban los pescadores de la colonia coreana del viejo Puerto México cuando siendo  muy pequeña, los seguía por la playa corriendo descalza con su capucha de hule colorado. Ella volaba feliz sobre la arena y empezaba a garabatear ese pentagrama que aun no termina.
     Ha pasado el tiempo, ahora la arena es asfalto, y las aguas del mar tienen miedo de pisar la orilla,  más ella continua anotando en   su bitácora,  palabras que despercuden los malos sueños; celebrando su cumpleaños en el mismo día en que se festeja a la Marina, leyendo la liturgia de las horas, abrazando a sus semejantes, regalándonos su risa que contagia, y sobre todo, pendiente del avance de la cultura por la cual ha luchado siempre.
     Una tarde, revisando papeles ya amarillados por el tiempo, me topé con uno de sus poemas que creía extraviado: “La prisión de lucero” y en ese momento mágico,  nació la idea de recopilar toda su obra. Siempre había estado detrás de ella empujándola a publicar sus poemas, pero invariablemente me respondía con lo mismo: “Pepito, yo escribo a la antigüita, a nadie le interesan mis versos”. Sin comentarle nada, recopilé los poemas que escribió durante su permanencia en el Taller Bernal Díaz del Castillo, desempolvé sus relatos escritos en la revista Vitral y Toque de Queda, busqué los libros publicados en el Club de Escritoras, y las tarjetas en las cuales me ha demostrado su cariño. Recurrí a la ayuda invaluable de Rosa Lotfe, Lulú Muñoz,   Angélica Carmona y  Omar Béjar. Juntos, iniciamos esta travesía literaria, esta antología con la que queremos honrar la presencia siempre festiva de nuestra “Ita”, la sensible hermanita que todos deseamos tener. Así nació GAVIOTA LEJANA, una colección de poemas y prosas desperdigados en periódicos, revistas y libros.
     Escribió Jorge Luis Borges: “Hay dos formas extremas de ser poeta: el poeta que vive en la pasión y el poeta que vive en un mundo verbal”. Creo que Panfilita vive en los dos extremos.

José González Gálvez 

Coatzacoalcos, enero de 2013

LA INTRUSA: RETRATO ÍNTIMO DE GALA DALÍ


Gala Dalí fue una mujer que se quiso ella misma secreta. Mientras los hombres con los que compartió su vida ganaban en notoriedad hasta convertirse en figuras universales, ella optaba por mantenerse a la sombra, hasta el punto de generar una imagen de mujer fría, altiva, egoísta, inaccesible.
     En realidad, Gala fue una mujer muy distinta. En esta narración biográfica, Monika Zgustova desvela a la mujer decidida, valiente y apasionada, que supo perseguir con determinación sus anhelos y acompañar decisivamente a los tres hombres que, junto a ella, llegaron a ser grandes figuras de la poesía y el arte universales: Paul Éluard, Max Ernest y Salvador Dalí. Para los tres, Gala fue mucho más que su amante: fue la compañera que trabajaría con ellos su obra y la criticaría, y quien les dio fuerza y la confianza para afianzarse como grandes creadores. A los tres los conoció cuando tenían entre los diecisiete y los treinta años. Y fue a través de Gala y con Gala que llegaron a ser lo que fueron.
     Monika Zgustova saca a la luz aspectos hasta ahora ignorados o poco conocidos de la vida de Gala: la relación con su padre adoptivo y su familia; la influencia que tuvo en ella la amistad de adolescencia con la poeta Marina Tsvetáieva y la hermana de esta, Asia; de qué manera la Revolución bolchevique de 1917 y los años previos la marcaron para siempre; cómo a los veintidós años cruzó la Europa de la Primera Guerra Mundial, de Moscú hasta París, para reencontrarse con su amor Paul Éluard; cómo por amor a Salvador Dalí se fue a vivir con él a una cabaña junto al mar en invierno, sin comodidad alguna, y una pulmonía estuvo a punto de acabar con su vida.
     De este libro emerge pues una Gala mucho más compleja, rica y apasionante de lo que hasta ahora se conocía: el retrato de una mujer que rompió con los estereotipos de su época para convertirse en una de las mujeres más decisivas en el arte y la literatura del siglo XX.

Galaxia Gutenberg, S.L., 2018



domingo, 21 de abril de 2019

PARA BEBER TU VOZ


                                                        Nunca la luz se repartió en tantas luces.
                                                        Octavio Paz

Tu cuerpo es de ámbar. Tu piel es de sándalo.
Tu cuerpo irradia luminosidad como medusa crossota
que nada silenciosa en un mar de plasma.
Eres lámpara votiva desparramada en la cama
en el perímetro exacto que nuestros cuerpos marcan.
Surges como un escalofrío palpitante
que recorre mi piel dormida con la noche.
Es tu aliento archipiélago convocado
que regurgita algas y espuma blanca.
Frente al muro infranqueable de tus sueños
mi voz se abre y se cierra confundida
en un asombroso despertar de hielo que se quema.
Para beber tu voz pongo mi oído en el diafragma
y escucho poco a poco el silabeo lento de tus palabras.
Acaricio con mi sueño el redondel oscuro de tus tetillas
que se endurecen dentro de un vaho de saliva calcinada.
Un hilo de luz se enreda en tu cintura
perpetua cicatriz que grita y se apaga.
Arrodillado ante tus pies que tanto me fascinan,
te espero impaciente, insomne, sediento,
porque sé que tú también me esperas
porque juntos somos clepsidra detenida en el tiempo.

José González Gálvez 

Octubre 31 de 2018

Imagen: Lucia Deblock