domingo, 14 de julio de 2019

PANFILITA CHEE: EN SU LUZ MAS ÍNTIMA


                                                        
                                                      Tus palabras transparentes en la noche
                                                       son palomas escribiéndose en mis sueños.
                                                     
                                                       Saúl Echeverría

                                                      
Panfilita es una mujer iluminada por Dios, es un ave marina que despliega sus alas para sobrevolar dentro del corazón de todos los que la amamos. Incansable, teje en el telar de los sentimientos un encaje de bondad  y una filigrana de ternura, porque  ha sabido enhebrar la aguja con paciencia y zurcir esos resabios de dolor con la pureza de sus palabras escritas.
     Con sus escritos nos ha calado muy   hondo, y ha llegado a  una profundidad que no conoce límites y no tiene alcances. En el mundo de los sonidos, ha captado la cadencia de las palabras atrapadas en un pentagrama infinito. Escribió   Nicolás Guillén: “El verso es amigo de la emoción, por eso ha de ser fino y profundo como una nota de arpa”.
     Mujer y poeta, amiga y hermana, Panfilita es eterna, es un perfil de luz que todo lo abarca. Es una inmensa gaviota que vuela por encima de las dunas de su Coatzacoalcos de antaño, y llora ante el dolor de un manatí cautivo. “Gaviotita roja”, le gritaban los pescadores de la colonia coreana del viejo Puerto México cuando siendo  muy pequeña, los seguía por la playa corriendo descalza con su capucha de hule colorado. Ella volaba feliz sobre la arena y empezaba a garabatear ese pentagrama que aun no termina.
     Ha pasado el tiempo, ahora la arena es asfalto, y las aguas del mar tienen miedo de pisar la orilla,  más ella continua anotando en   su bitácora,  palabras que despercuden los malos sueños; celebrando su cumpleaños en el mismo día en que se festeja a la Marina, leyendo la liturgia de las horas, abrazando a sus semejantes, regalándonos su risa que contagia, y sobre todo, pendiente del avance de la cultura por la cual ha luchado siempre.
     Una tarde, revisando papeles ya amarillados por el tiempo, me topé con uno de sus poemas que creía extraviado: “La prisión de lucero” y en ese momento mágico,  nació la idea de recopilar toda su obra. Siempre había estado detrás de ella empujándola a publicar sus poemas, pero invariablemente me respondía con lo mismo: “Pepito, yo escribo a la antigüita, a nadie le interesan mis versos”. Sin comentarle nada, recopilé los poemas que escribió durante su permanencia en el Taller Bernal Díaz del Castillo, desempolvé sus relatos escritos en la revista Vitral y Toque de Queda, busqué los libros publicados en el Club de Escritoras, y las tarjetas en las cuales me ha demostrado su cariño. Recurrí a la ayuda invaluable de Rosa Lotfe, Lulú Muñoz,   Angélica Carmona y  Omar Béjar. Juntos, iniciamos esta travesía literaria, esta antología con la que queremos honrar la presencia siempre festiva de nuestra “Ita”, la sensible hermanita que todos deseamos tener. Así nació GAVIOTA LEJANA, una colección de poemas y prosas desperdigados en periódicos, revistas y libros.
     Escribió Jorge Luis Borges: “Hay dos formas extremas de ser poeta: el poeta que vive en la pasión y el poeta que vive en un mundo verbal”. Creo que Panfilita vive en los dos extremos.

José González Gálvez 

Coatzacoalcos, enero de 2013

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