lunes, 14 de septiembre de 2020

JUNTOS EN LA OQUEDAD DEL SUEÑO

 


En lontananza, paso lentamente las yemas de mis dedos por  tu  espalda.   Esa amplia superficie de piel desnuda, abierta, libre de ataduras como la inmensidad de un cielo límpido.

Acariciando tu dermis expuesta, rememoro los momentos de paz que me produce el vivir contigo, compartiendo día a día y a cada instante la bitácora de nuestra historia.

Soy una vieja raíz fibrosa, barbuda, que crece quedamente dentro de tu cuerpo para hacerme indispensable. Te amo y te necesito tanto, que mi existencia no la concibo sin ti. Vivo detenido en el germen verde del tiempo que pasamos juntos. Cuidándote. Oliendo quedamente el eco que perdura durante tu sueño.

Esa vieja raíz ha madurado, y ahora mi corazón es una gladiola encarnada en el interior de tu pecho. Somos tú y yo al unísono, regidos por el metrónomo del amor. Somos sístole y diástole.

Se consolida el tiempo de nuestras vidas. Abrazados nos fundimos como nube de luz que se desfasa. Somos labios que al entreabrirse callan.

 

José González Gálvez

Coatzacoalcos, septiembre de 2020

 

Imagen: Alexander Traugot  

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