domingo, 21 de abril de 2019

LA MESA HERIDA


                                                                                     Nace incesante noche
                                                                                     acaso desde la mesa oscura,
                                                                                     centro imperioso ahora
                                                                                     de oscura, ciega vida.

                                                                                     Ida Vitale
                                                                                    
Dentro de la iconografía sorprendente de Frida Kahlo existe una obra cuyo paradero es desconocido. Se trata de “La mesa herida”, óleo sobre lienzo pintado en 1940 para la Muestra Internacional del Surrealismo en la Galería de Arte Mexicano de Inés Amor en la Ciudad de México. La autora trabajó arduamente para su realización y como en la mayoría de sus obras, nos muestra su tragedia. Todo el cuadro, que mide 122 por 244 centímetros, transpira dolor.

Como si se tratase de un escenario, existen cortinas recorridas y anudadas, los siete personajes eclécticos están acomodados en tres de los lados de la mesa en una escena que nos recuerda la Última Cena, aquí Frida se encuentra doblemente representada, como ella misma y como la mesa.

En el centro Frida hace las veces de Cristo, y un Judas de papel maché vestido con overol, con la cabeza desproporcionada en relación al resto del cuerpo y rodeado de cohetes, se identifica con Diego, que hace el papel de Judas, y que al abrazarla la está engañando ya que esta recargado sobre la mesa, como lo estuvo Judas en la Última Cena cuando Cristo dijo: “Pero, mirad, la mano de aquel que me ha traicionado está conmigo sobre la mesa” (Lucas 22:21). Ambos personajes sangran: el Judas en el cuello de la camisa y en el peto, y Frida en una parte de la falda. Recordemos que Frida se encontraba finalizando el trámite de divorcio con Diego cuando pintó el cuadro y que irónicamente tenía treinta y tres años.

El brazo derecho de Frida termina en un muñón a la altura del codo, de donde una prótesis en forma de tubo se extiende y se dobla descansando sobre la mesa y continua hacia arriba para ofrecerle una escudilla a la escultura nayarita precolombina, compartiendo el mismo brazo para simbolizar la unión a sus raíces mexicanas. La figura de Nayarit es parte de una escultura más grande que perteneció a Diego Rivera y que actualmente se encuentra en el museo Anahuacalli. A su lado, un esqueleto de barro y resortes sostiene un mechón de cabello de Frida; el esqueleto tiene el hueso pélvico atado a la silla para mantenerlo erguido como si se tratará de un corsé como los veintiocho que utilizó la misma Frida. Los tres personajes cercanos a Frida están lastimados, el ídolo tiene piernas de palo, el esqueleto y el Judas tienen los pies derechos vendados y ensangrentados. Estos tres personajes son los mismos de los cuatro caracteres que aparecen en el cuadro “Los cuatro habitantes de la Ciudad de México” pintado en 1938.

La mesa tiene piernas humanas  desolladas, mostrando los tendones y los músculos, y tres nudos de la superficie sangran como si fueran heridas o vulvas abiertas que hacen referencia presumiblemente a los abortos sufridos. En un costado de la mesa, se encuentra su mascota el cervatillo Granizo, en el otro costado están sus sobrinos, los hijos de su hermana Cristina: Isolda y Antonio. Isolda y Granizo miran al espectador mientras que Antonio dirige la mirada directamente hacia Frida cuyo rostro es una mezcla de vulnerabilidad e ironía. La escenografía no puede ser más certera: una vegetación insólita y exuberante en tonalidades que parecen diluirse con la luz, y en el fondo un cielo borrascoso como la vida misma de Frida.

Después de su exhibición en la Galería de Arte Mexicano, la pintura se exhibió en Nueva York en el Museum of Modern Art (MOMA) en la exposición “Veinte siglos de arte mexicano”, posteriormente regresó a la Casa Azul donde permaneció durante cuatro años. En 1942 es presentada en el Palacio de Bellas Artes durante la fundación del “Seminario de Cultura Mexicana”, posteriormente la autora decidió obsequiarla a la Unión Soviética, al Museo de Arte Occidental Moderno de Moscú en la denominada sala México, presumiblemente el Museo Pushkin. El 29 de enero de 1946 el primer ministro de la embajada de la URSS en México Andrei Glebsky agradeció la donación, y la obra estuvo de gira en varios países socialistas pero desapareció en Varsovia cuando se exhibía en el edificio Zacheta en 1955 antes de llegar a Moscú. Desde entonces “La mesa herida” se encuentra extraviada, a pesar de los incontables esfuerzos de varios historiadores de arte como: Teresa del Conde, Raquel Tibol, Raúl Cano Monroy y Helga Prignitz-Poda.

Una copia de la pintura permanece en exhibición en el Kunstmuseum Gehrk-Remund de Baden-Baden en Alemania.

Escribió la historiadora de arte Janis Bergman-Carton respecto a la obra de Frida: “A pesar del dolor que se percibe no son los gritos agonizantes de una víctima; representan una resurrección transformativa e intelectualizada de una vida dedicada tanto a la mente como al cuerpo”.

Abril de 2019

Imagen: Bernard Silberstein 

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