miércoles, 21 de noviembre de 2018

EL DOLOR QUE LO DICE TODO


Tiemblo con un sudor azul que me descose el alma. Tus manos me toman de los hombros para que voltee a verte, y me observas con esa mirada lustrosa, llena de humedad.

     La luz del sol se esconde entre las ramas de los abetos y se filtra en destellos que no hieren, solo parpadean en tu cuerpo perfilándolo, en tu piel morena, en tus músculos que se distienden a pesar de los movimientos pausados. Me acomodo a tu abrazo sugerente pero me siento incómodo.

     Te miro y tu mirada es un enigma insondable que no me dice nada. Ya no eres tú, ni soy yo, somos uno solamente, un animal mitológico, biforme, de cuatro extremidades inferiores que aúlla por la falta de amor.

José González Gálvez 

Abril de 2015

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