domingo, 30 de agosto de 2020

SAUDADES

 


La poesía de Andrés Bolaños, es o no es, la sientes o no la sientes, te compenetras en ella o te vas con un palmo en la nariz. Esto sucede porque sus poemas están en eterno movimiento, son un péndulo, un badajo, un metrónomo joven que te hincha la piel, te seduce los poros. Su numen, reblandece la epidermis y doma el ácido láctico de los músculos más reticentes. Su poesía está llena de metáforas, de vasos comunicantes que todo lo explican y para colmo lo complican; porque en el lirismo pernicioso de Andrés, los: “ojos húmedos tienen sueño” y “el calor puede arrastrar plumas de cuervo”. Su poesía duele, nació con una úlcera que nunca cicatriza; pero es un dolor gozoso que se resquebraja y renace de las cenizas como el ave Fénix mitológico. Es un dolor recalcitrante lleno de misticismo y sensualidad.

    Escribe Alberto Ruy Sánchez: “Hasta los dolores más intensos de la vida se convierten en gozo porque abren nuestra sensibilidad para el placer”.

    El pintor italiano Guido Reni, nos ofrece un San Sebastián joven, sensual, con la vista desviada hacia los cielos, implorando; con el torso de efebo atravesado por dos flechas, nimbado de gloria y colmado de voluptuosidad. Es una parábola de dolor llena de misticismo.

    También el genial pintor español, Salvador Dalí escribe en el prólogo de su novela “Rostros ocultos”, un fragmento que tal vez despeje el sentido en la pasión de los poemas de Andrés: “Porque desde el siglo XVIII la trilogía pasional inventada por el divino Marqués de Sade ha permanecido incompleta: Sadismo, Masoquismo… Era preciso descubrir el tercer término del problema, el de la síntesis y la sublimación: el Cledalismo, nombre que se deriva del de la protagonista de mi novela, Solange de Cleda. El sadismo puede ser definido como el placer experimentado a través del dolor infligido al objeto; el masoquismo, como el placer producido a través del dolor infligido por el objeto. El Cledalismo es el placer y el dolor sublimado por una absoluta identificación trascendente con el objeto. Solange de Cleda restablece la pasión normal; es una santa Teresa profana, Epicuro y Platón ardientes en una sola llama de eterno misticismo femenil”.

    SAUDADES, el quinto libro de Andrés Bolaños, nos descubre un mundo desolado, habitado por seres transparentes llenos de dolor, que buscan redimirse en el sufrimiento, son amores incomprendidos, anémicos, débiles; seres que se nutren morbosamente de su misma agonía, marionetas sin hilos, muñecos de luz sin voltaje.

     Para entender mejor el significado del vocablo “saudade” me remito al ensayo “Lisboa y los fantasmas de la ausencia” de Xavier Velazco: “Todos hemos experimentado alguna vez la sensación, pero nos ha faltado la palabra ideal para nombrarla. Hablamos entonces de una nostalgia que duele hondo, algo así como un quejido fantasmal que corre por las venas y se instala en el tuétano para recordarnos las ausencias marinas que nos habitan. Los portugueses, que en esto de navegar los mares de la tristeza poética tienen callo de almirantes, bautizaron a esta inquietante sensación como saudade. Cuando una persona es invadida por la saudade, lo mejor que contrae es un inmenso deseo por escribir poemas. Cada poema no es ya, pues, algo que leemos, sino concretamente una cosa que nos pasa y que nos duele, que enciende los fuegos más recónditos del alma. Los poemas son, por tradición, un canto triste, de textura quimérica y extensión oceánica. La saudade es una sensación que nace, crece, se reproduce y se estremece a partir de un silencio solitario y estruendoso. Acaso el más sonoro de todos los silencios en mitad del más terso de todos los naufragios”.

      Las saudades de Andrés, son fantasmas que se multiplican copulando con el tiempo y sobreviviendo al más espantoso temor de los amores en discordia. El autor escribe: “y estos fantasmas fueron de carne un día. Tuvieron piel, calor, contorno, fueron juego y sonrisa. Tuvieron nombre, edad, medida, tuvieron brazos, hombros, pecho, muslos, vello rizado para su intimidad, manos hermosas, rostro, andar, gustos, enojos… olores y humedades. Ahora pueblan los sucios rincones de la casa y se desmembran en pedazos vivos”.

     SAUDADES de Andrés Bolaños es un poemario lleno de belleza dolida, sumergido en un caldo vivo de sensaciones profanas, irredento en el flujo apabullante de nuestras arterias, donde irremediablemente uno —el lector— queda atrapado en esa vegetación insólita que se desparrama en palabras que destilan desconsuelo, pero que también festejan la ceremonia de la carne que palpita.

 

José González Gálvez

Imagen: Felipe Pérez Contreras (Philip)

1 comentario:

  1. El amor y el dolor en su plenitud, convergiendo en una solo fin. El placer.

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