miércoles, 22 de julio de 2015

ARIADNA



Ariadna se entregó anhelante al placer gestado durante las caricias febriles y los susurros mágicos. Dócil, se abrió como una gruta encantada, como un fondo marino bíblico. Después todo fueron estertores. Ariadna gemía, arañaba, se enroscaba. Terminó inundada por una erupción volcánica. El final de la obertura fue cruel, sanguinario. Satisfecho, su amante tomó una hoja que reverberó como una flama de acero y la dejó caer en el cuello de Ariadna que aulló de dolor. Su grito de angustia se hundió para siempre en el pozo del horror pánico. Brotó la sangre, los miembros seccionados, las vísceras pulsátiles.



Ciudad de México 1977

2 comentarios:

  1. Bravo. Me gusta el contraste entre la tensión erótica y desenlace sorprendente.

    Cristina Cifuentes Bayo

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  2. Bravo. Me gusta el contraste entre la tensión erótica y desenlace sorprendente.

    Cristina Cifuentes Bayo

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