martes, 18 de junio de 2013

ALCOBAS DONDE DUERMEN LOS SUEÑOS

Te ven mis ojos cerrados
entrar en mi alcoba oscura.

Xavier Villaurrutia


Desde hace veinticuatro meses exactamente, soy dueño absoluto de mi recámara. ¡Por fin, mi anhelada zona sagrada!

En el centro de la habitación se enseñorea mi cama queen size, vestida con sábanas azules de algodón y cinco almohadones con fundas de la misma tonalidad; un pareo hace la función de sobrecama. De ambos lados, existen dos buroes de madera cruda con herrajes antiguos, sobre ellos un par de lámparas de cerámica blanca en forma de cilindro con base de aluminio. A modo de cabezal, la pared desnuda, pintada de color piñón. Del lado derecho se encuentra una vitrina de rattán con mis portarretratos favoritos, con fotos de mis hijos, mi hermana, mi mamá y una Santísima Trinidad que perteneció a mi abuela Celia; un gato de porcelana que compré en Sausalito, y una lámpara votiva art decó. Enfrente, un amplio closet de caoba.

En el lado izquierdo de la cama existe un ventanal que ocupa la pared completa, en la esquina, una maceta de barro con un laurel de la India recortado. El baño es pequeño pero confortable, el sanitario cómodo, el lavabo bien fijado. En la regadera paso momentos inigualables, refrescándome y cavilando en las bondades únicas del agua.

El balcón, siempre con las ventanas abiertas, es mi refugio verde. Por ahí quiero que entre la rosa de los vientos cuando esté desorientada, y el invierno terrible que me abanicará en el momento en que mis huesos se despostillen, y la memoria se equivoque en las esquinas de los cuatro puntos cardinales.

Aprendí a dormir desnudo, porque cuando descanso quiero sentirme sin ataduras, pienso que de esa manera la piel se recompone y tonifica. Cuando hace un poco de frío me cubro con un edredón ligero.

Actualmente leo un diario de viajes de Julieta Campos, escucho música chillout, lounge, o jazz, prendo incienso con olor a lavanda o sándalo, y cuando el sueño me invade duermo placenteramente, sin sobresaltos. 

La recámara es mi refugio, mi muro de los lamentos, mi quinto misterio gozoso, mi amante furtiva. Es donde escribo, donde creo, donde doy vida a mis inquietudes y donde barloventeo en la mar oceána de los sueños.

José González Gálvez 


Febrero de 2011


viernes, 7 de junio de 2013

MIS CINCO NOVELAS IMPRESCINDIBLES


…en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.








Al fin, podrás ver esos ojos de mar que fluyen, se hacen espuma, vuelven a la calma verde, vuelven a inflamarse como una ola: tú los ves y te repites que no es cierto, que son unos hermosos ojos verdes idénticos a todos los hermosos ojos verdes que has conocido o podrás conocer.










Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo.













Te amo Diego, ahora mismo siento un dolor casi insoportable en el pecho. En la calle, así me ha sucedido, me golpea tu recuerdo y ya no puedo caminar y algo me duele tanto que tengo que recargarme contra la pared.












…teniéndote en los brazos, amor de siesta o duermevela, entreviendo en esa mancha clara la puerta que se abre a la terraza, en una ráfaga verde la blusa que te quitaste para darme la leve sal que tiembla en tus senos.

viernes, 17 de mayo de 2013

CON EL RECUERDO INFINITO DE TU NOMBRE EN MIS LABIOS




 Eres la mar profunda habitada de sorpresas; hay peces
                                                 castaños en tu vientre, sueños de marino en la baranda,
                                                 viejos navíos sepultados en el fondo.

                                                 Eraclio Zepeda: Asela


Todo se mueve en el oleaje interno
de tu orgasmo.
cuando me separas
soy un buzo sin escafandra
que se ahoga
en el reflujo sexuado de hipérboles.
Tu voz me sabe a mar  amándote
como juego de cetáceos gigantescos
antes de la copula.
Eco intenso de dolor
en el laberinto de medusas transparentes.
Mar adentro de tu cuerpo
fluyendo rabioso 
por tus orificios expuestos.
Que solitario y callado estoy
en el océano de tu piel debilitada.
Es tu olor que me huele
a sargazos, trilobites, radiolarios.
Amar, amargura, amarre
todo me confunde
en la brújula descarapelada
de un buque solitario.

José González Gálvez

Septiembre 2009


viernes, 3 de mayo de 2013

EL OFICIO DE LA TARDE

-Abre las ventanas, -dijo ella desde el tocador -para que salgan todos los humores y los vientos extraviados. 

Sentado en su sofá preferido, fumando con parsimonia su enésimo cigarrillo, veía como el cielo se llenaba de nubes encarnadas que ocultaban la luz diáfana del sol, convirtiendo la tarde en una superficie parda. 

-Te pedí por favor que abrieras las ventanas. 

Dejó caer la ceniza sobre el piso ajedrezado, se levantó, juntó unos papeles donde escribía la biografía de un emperador romano y las guardó en un folder rubricado. 

-Podrías ayudarme un poco, no te pido mucho, abrir las ventanas no representa un gran esfuerzo. 

Fue hasta el baño, se lavó la cara y las manos, se peinó concienzudamente y se ajustó el chaleco. Se encaminó hasta la ventana de la sala, hizo a un lado las cortinas de gasa y de un tirón la abrió, lo recibió el viento aletargado de la tarde. Sin prejuicios se recargó en el dintel. Una paloma gris picoteaba nerviosa el quicio de la pared. Con la mirada, quiso encontrar que buscaba tan afanosamente. Cuando el ave presintió que la miraban, levantó el vuelo. Él se paró en el dintel y se tiró al vacio.

José González Gálvez
 

Septiembre de 2012

DONDE EL SUPLICIO DEJA SU HUELLA



Ya las horas afilan sus navajas 

Octavio Paz

Te recuerdo que también fuimos amantes
ayer, en el crepúsculo tardío
cuando las pavesas se elevaban en el lecho
y un frío de mucílago se cocinaba
en el interior de los huesos.
Fuimos amantes de almanaque
contando los días por separarnos
los fines de semana que nunca repetimos
esas efemérides que resultaron vanas.
Recuerda que nos quisimos como enajenados
comimos el fruto del árbol del bien y del mal
nos indigestamos de tanto amor concebido
bajo el celestinaje lunar de plata bruñida
labios húmedos que recorrieron con ansiedad
las esquinas más recónditas de los cuerpos
fuimos vísceras rosadas en diástole y sístole
pieles en alta presión como un relámpago.
No tiene caso que cierres las ventanas
ya escaparon los vientos alisios con nuestros
momentos más hermosos grabados en sus alas.
Te recuerdo que como amantes fuimos apoteósicos,
ahora somos una evocación amarga como licor de ajenjo.


José González Gálvez


Marzo 2013

BAJO LA CLARA APARIENCIA DEL OLVIDO

Porque a mí, a la lejana, no la quieren. 

Julio Cortázar 



Jamás se le ocurrió buscar entre las fotografías de la familia. Nunca recordó las imágenes sepias mordidas por la soledad y olvidadas entre el mobiliario de la buhardilla. Entretenida en su reciente descubrimiento, Alina sepultó sus dudas. Había dejado de pensar en la otra, en esa mujer tan idéntica que parecía su alma gemela: la hermana que nunca había tenido. Dejó de preocuparse; ya no más pesadillas, ni sueños confundidos. Estaba libre, como si después de todo, el cordón umbilical que las mantenía fijas a la placenta, se hubiera desquebrajado. Había logrado exorcizar a la lejana. 

Se sentía independiente. Soberana absoluta de los espejos, alejada de los temores, ahora podría reflejarse única. Bellísima con su rostro ovalado, pétalo de rosa, la mirada aristocrática heredada de la bisabuela, el cabello ondulado, sedoso, en bucles color de encino. Ella, la indispensable Alina, la concertista privilegiada, con su pianoforte de maravilla y sus movimientos de felino. 

Esa noche durmió tranquila, engolosinada en una placidez de santa, que no le permitió descubrir que en el espejo ovalado del tocador, la otra Alina, la miraba con repulsión.


José González Gálvez 


Enero de 2011

viernes, 12 de abril de 2013

EL ARRIBO DEL UNICORNIO




Hoy es la noche de la buena estrella. Mágicas horas en que la luna riela sobre las tranquilas aguas del río sin nombre. 

Un unicornio, imaginado en sueños de espera, cabalga sensual es las estepas de mi piel sedienta, Cuánta armonía, cuánto conocimiento mutuo, cuánta ansiedad por ser besados los cuerpos, cuánta epidermis por recorrer. 

Se paladean las oquedades, se siente la humedad del deseo, se estimula el tiempo de la espera. El clímax es efervescente. No se mueve el aire, la luz es tenue, las respiraciones agitadas y el sonido son las palpitaciones de dos corazones en plena ebullición. 

El unicornio arremete, relincha, moja los belfos, despliega la crin; el cuerpo permanece embelesado ante la belleza del corcel. 

Cuando el termómetro termina de caer, el unicornio se marcha y se pierde entre la noche de la buena estrella. 

José González Gálvez


Octubre 21 de 2012

SUITE PARA UN CLAVICÉMBALO

Para Pilar López González


Me dejas instantáneamente sin habla
y con el débil corazón henchido
mis ojos dilatados miran asombros
y escuchan los oídos prístinos sonidos.

José González Gálvez


Mayo de 2011

viernes, 22 de marzo de 2013

EDIPO ENAMORADO

Mudos yacen los carcomidos
labios de la Esfinge de Edipo
Walt Withman: Hojas de hierba


Edipo conoció a Esfinge en las puertas del desierto a Tebas. Sin pensarlo dos veces se propuso poseerla, pero temía las amenazas del enigma. 

Entonces soñó perder los ojos y tomar a su madre como lazarillo para vencer el enigma. 

Cuando despertó, Esfinge estaba a su lado completamente desnuda, con su cuerpo de leona joven y las alas primorosamente erectas.

José González Gálvez


Ciudad de Veracruz octubre de 2005

Imagen: Carla Rippey