miércoles, 18 de diciembre de 2019

FRIDA KAHLO: ESCRITURAS




“¿Y por qué no podría ir la pluma de Frida al lado de su pincel?”, se pregunta Antonio Alatorre en el prólogo que acompaña este libro. Es verdad. De ahí el acierto de esta compilación de textos de Frida Kahlo y que apenas ahora comienzan a develar otra faceta de su vida: su pasión por el lenguaje. El talento de esta pintora mexicana inundó todos los aspectos de su vida; su escritura no podía estar libre de este influjo.
     En Escrituras, seremos íntimos cómplices del encuentro entre la pintora y sus amistades, sufrimientos, ideas artísticas y políticas, sus amores, y por supuesto, Diego Rivera.
     Hechas con un lenguaje “relajiento”, como ella misma decía, sus cartas son una fiesta llena de juegos de palabras, neologismos, caló mexicano, desparpajo y lucidez. Tanto la selección de cartas como las notas que las acompañan fueron realizadas por Raquel Tibol, estudiosa de la vida y obra de Frida Kahlo, quien ha logrado hacer de Escrituras la versión más completa que existe hasta ahora de textos de la pintora.

Random House Mondadori 2004
Fotografía de portada: Manuel Álvarez Bravo

domingo, 17 de noviembre de 2019

UN POEMA DE JUAN JOSÉ ARREOLA


 

A OCTAVIO PAZ

Estas que ves, palabras deslumbradas
de mirarse en tu espejo, amigo mío,
al son del corazón te las envío
y espero que las halles bien halladas.

Voy a ganar si juego tus espadas
palabras en su límpido albedrío…
¿Lo que voy a decir es tuyo o mío,
o es de Nerval un cuento de hadas?

Tenebroso. Ya la lira de Orfeo
se me cae de las manos, desdichada.
No creo en el infierno en que creo.

¿Cruzaré el Aqueronte, Octavio arcano?
Yo sé que sí. Mi mano ya está dada
y voy al misterio tomado de tu mano.

Fondo de Cultura Económica 2018

TU NOMBRE EN LA LUZ DE OTOÑO


 

Me niego a olvidar tu nombre. Eres labios que humedecen mi boca, imagen prendida en mi conciencia, calor quemante en la piel, fermento de cielo, implosión de estrellas, diáspora de libélulas, cenizas que refulgen vida, latido de espigas en silencio, dermis azúcar mascabada, ojos como alondras que vuelan en otoño.

    Anoche te soñé: un mar plácido de caléndulas se desplazaba lentamente a tus lados. Tu cuerpo dormido estaba cubierto de ventanas, y a través de ellas descubrí tu alma nimbada de luz insólita, una reverberación sublime como la cresta pulsátil de la aurora boreal.

     Me niego a olvidarte, tu nombre está anclado en la membrana transparente de mi corazón. Un corazón abierto en sus cuatro cavidades.

José González Gálvez 

Xalapa de Enríquez agosto de 2018

Imagen: Nadine Markova

JANIS JOPLIN: TODO UN VEHÍCULO DE EMOCIONES


 
                                                               El mito es Janis Joplin, la niña perdida, la  nena
                                                                            enferma de amor entre tanta paz, tanto incienso,
                                                                            tanta nada.
                                                                           Jerry Rubin-Do it          

Estoy muy triste porque las cosas que ayer estaban, hoy ya no están. Recuerdos de un pasado hermoso pero a la vez sombrío. Sin duda los momentos alegres son los que nos levantan. El futuro a veces es muy triste. El pasado ya no existe pero ciertos recuerdos nos hacen entristecer. Hay personas que el presente no lo viven, tanto, como debieran, más bien viven del pasado o del futuro. La vida se va muy pronto. La tristeza en la mirada de una nena. Sentimiento profundo en un escenario que se eleva, Música que penetra. Un grito constante que libera a un alma lastimada.
             “Soy como una tortuga escondida bajo su concha callosa
              pero, sabes, estoy muy bien protegida
              conozco esta maldita vida demasiado bien”.
                                                                       Turtle blues
     Los momentos íntimos de una chica sensitiva. En Monterey (California) en 1967 meciéndose y señalando con el dedo índice a quien lo quiera recibir en el infinito. Un chillido como bruja invocando a los espíritus. En aquellos tiempos el Big Brother and the Holding Company impaciente e inventivo. Rock, Jazz, Folk, Soul, Blues. Monterey ya no está, Janis Joplin tampoco y el Big Brother ya no es el mismo. Lo que antes fue vida, energía, sentimiento, en una hermosa voz se ha ido. Algo escapó de la música, y de dentro de Janis. Creo que una mujer nunca podría hablar de lo que fue Janis Joplin. Hablar de ella implica ir más allá de la música. Una unidad trascendente. No fue sólo la mejor cantante blanca de la década, sino que fue una historia complicada. Todo un vehículo de emociones. Las manecillas del reloj ya han girado muchas veces y Janis ya no está. Una vida y una voz que llegaba a las entrañas. Mis entrañas. Un joven rostro deteriorado y una colección de pulseras y collares. ¿Ella para quién cantaba? Eso ya no importa, lo importante es tú alguna vez la quisiste y fuiste envuelto en su atractivo frenesí. Si niña, ya no hay más. Todo cambia y el sol sigue brillando en la mañana. Y una niña que cantaba va con el rostro borrado por los senderos de otros mundos. Una joya tentadora… una perla. Ella consigue aún en grabaciones, lo que ella quería que tú sintieras. Janis. Un impresionante afrodisiaco en el estrado. 1943-1970. Murió con la nariz rota.
             “El tiempo sigue adelante, los amigos dan la espalda
              dije más te vale vivir tu vida
              y, más te vale amar tu vida
              oh nene, algún día vas a tener que llorar
              si, seguro; si, seguro”.
                                                                      Kozmic Blues
     Una chica diferente ya sea en Houston, Port Arthur, San Francisco, Austin, New York o Londres. Un día y en un lugar no muy lejano ella comenzó a cantar. Los gritos dislocados y agudos (a veces roncos) me trastornan. Pero sus gritos son con un acento que ya nunca volverá. Tus ojos diabólicos te delatan… “Yo fui una chica sensible”. “Yo compré discos de Bessie Smith y de Odetta”. Yo compré su “Cheap trills”… impresionante… 1,500,000 de sentimiento (1968). Janis: Capricornio/Acuario y un largo aullido nasal.
             “Aaaaaah-Aaaaaah oh yeah”
                                                                      Try
     Dejaba, creo yo, gran parte de su alma en cada canción… y gran parte de su voz. A veces asusta el futuro. Yo no sé si alguien la ayudaba; pero indudablemente que ella te ayudaba… con su voz llena de sentimiento. ¡Ah!, si supiéramos lo que nos espera más adelante. El rock ha sufrido muy malos golpes, octubre de 1970. Janis, adoraba a Bessie Smith, Odetta y a Otis Reddin. En especial a Bessie quien fue llamada en 1970 la emperatriz del blues, 33 años después de su muerte. Su última sesión fue el 24 de noviembre de 1933. Janis actuó por última vez en septiembre de 1970. Cuando tu oyes a Janis en el fondo esta Bessie. Pero ambas ya solo permanecen en grabaciones. Maduró musicalmente en muy poco tiempo. Blues, Rock y un sentimiento como los cantantes de Soul. Pero siempre siendo Janis Joplin. Gran tragedia de aquél que sufrió para morir. Grabó solamente cuatro álbums. Posiblemente el mejor fue su salvaje “Cheap trills”, seguro, estruendoso y muy excitante. Jamás dudó en entregarlo todo… Rompió barreras y a partir de la segunda mitad de la década pasada, cuando se unió al Big Brother, se convirtió en la figura central en la escena del rock. Mostró a las tímidas chicas del rock hasta donde se puede llegar, y además, cual es el camino. Movimientos provocativos, cabello agitado por el viento, mirada de hechicera y a la vez de niña. Cuando cumplió seis años posiblemente rió, años después lloró, y posteriormente murió.
             “Hay un fuego dentro de cada uno de nosotros
              vas a necesitarlo ahora
              puedo asirlo, si
              voy a usarlo hasta el último día en que me muera…”
                                                                    Kosmic blues

José Luis Fletes


domingo, 10 de noviembre de 2019

UN POEMA DE CRISTINA PERI ROSSI


 
                                                              

TANGO


La ciudad no eras vos
No era tu confusión de lenguas
ni de sexos
No era el cerezo que florecía -blanco-
detrás del muro
como un mensaje de Oriente
No era tu casa
de múltiples amantes
y frágiles cerraduras

La ciudad era esta incertidumbre
la eterna pregunta -quién soy-
dicho de otro modo: quién sos.


JUAN MANUEL DOUGLAS

domingo, 8 de septiembre de 2019

UN POEMA DE RUBÉN DARÍO


 
              WALT WHITMAN

En un país de hierro vive el gran viejo,
bello como un patriarca, sereno y santo.
Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo,
algo que impera y vence con noble encanto

Su alma del infinito parece espejo;
son sus cansados hombros digno del manto:
y con arpa labrada de un roble añejo,
como un profeta nuevo canta su canto.

Sacerdote, que alienta soplo divino,
anuncia en el futuro tiempo mejor.
Dice al águila: ¡Vuela!, ¡Boga! al marino,

y ¡Trabaja! al robusto trabajador.
¡Así va ese poeta por su camino
con su soberbio rostro de emperador!

PITA AMOR. LA ENTREGA A SI MISMA (FRAGMENTO)



…Pita sacó de una caja de madera un vestidito plisado de seda azul…Un vestidito de niña, con pequeñísimos bordados de flores…”Este es el vestido de una niña muerta”…Y en el fondo nosotros pensamos más en la niña Pita, en la “niña enorme y viva para siempre”, como dijo Frida Kahlo. Y Pita, en medio de lo mucho que ha vivido, como ella misma lo confiesa, sigue siendo una niña de cabellos enmarañados, de grandes ojos oscuros, con sueños y pesadillas enredadas en las pestañas. Esta niña que vive en un universo infantil de vestidos nuevos, de tules y encajes, espejos, moños, disfraces y muñecas rotas, de berrinches y pataleos, de interminables “yo quiero” y tercos “no me gusta”, trae la luz y las señales del talento en los ojos desmedidos y en la frente delirante…

Elena Poniatowska
Periódico Novedades 26 de septiembre de 1954



JUAN RULFO: FOTÓGRAFO (FRAGMENTOS)



Estamos ante un caso poco común; el de un gran escritor que tomó también una importante cantidad de fotografías notables. Aún no podemos saber si las fotografías de Juan Rulfo (1917-1986) pasarán a formar parte de la historia de la fotografía mexicana del mismo modo que sus cuentos y novela son parte ya de la literatura que México ha dado al mundo, pero quizá la selección de imágenes en este libro —en una colección que lo coloca al lado de artistas, fotógrafos y arquitectos mexicanos— pueda ofrecernos una respuesta.
     Las fotografías de Rulfo son un conjunto de obra mucho más extenso que su literatura que, como es bien sabido, descansa en dos libros publicados durante su vida: Pedro Páramo y el volumen de cuentos El llano en llamas. Existen alrededor de 7 000 negativos, aunque el número de temas sin duda es más reducido, ya que muchas secuencias fotográficas corresponden a un mismo momento. Guillermo Kahlo (1870-1941), de quien se conservan unas 4 500 fotografías, es considerado un autor prolífico dada la precariedad de su equipo y la enorme inversión de tiempo que requería entonces la fotografía (placas, en lugar de los modernos rollos de películas). Rulfo tenía una cámara más moderna. Adquirió su primera Rolleiflex a finales de los años treinta y utilizó ese tipo de cámara durante unos veinticinco años.

                                 

     Guillermo Kahlo, quien se especializara en fotografía arquitectónica, es un caso comparable y un antecedente interesante para Rulfo. Aproximadamente la mitad de las fotografías de Rulfo son también edificaciones. Kahlo hacia 1904, Hugo Brehme a principios de los años veinte y Rulfo probablemente en los cincuenta, tomaron fotografías similares de la pirámide Cholula desde la cubierta de la Capilla Real, entre múltiples cúpulas. El predominio de temas arquitectónicos en las fotografías de Juan Rulfo sugiere un propósito o un proyecto. Su conocimiento de las construcciones y su historia era considerable, por lo que sus fotografías no son neutrales, a diferencia de las de Kahlo, que manifiestan un espíritu formal clásico. Por el contrario, la visión de Rulfo sobre los edificios es expresiva: sentía una atracción por las continuidades y los efectos del tiempo y el deterioro.

     Probablemente las fotografías más notables de Rulfo no sean las de los edificios en sí mismos, sino aquellas donde convergen los lugares (en un sentido menos específico) y la gente: elementos combinados en sus numerosas fotografías de campesinos en pequeñas ciudades provincianas, los pueblos y sus alrededores, que fueron, además, escenario para sus cuentos. Estas fotografías ofrecen una oportunidad única de mirar a través de los ojos de un gran escritor. Son las mujeres y los niños quienes se hacen más presentes en esos pueblos (puesto que los hombres se han ido a buscar trabajo), y Rulfo —fotógrafo— mostró gran simpatía hacia ellos, como podemos deducir de sus ficciones, donde la condición de las mujeres y los niños es una preocupación fundamental. Rulfo tomó fotografías admirables de niños pueblerinos.


                      

     La naturalidad de estas fotografías dice mucho sobre la habilidad de Rulfo para borrar sus propia presencia, una cualidad importante para un fotógrafo, como sabemos gracias a Henri Cartir-Bresson; cualidad natural en Rulfo, cuya personalidad reticente era legendaria. Rulfo utilizaba una cámara de caja que habría sostenido contra su pecho mientras miraba hacia abajo para encuadrar al sujeto en el visor, en lugar de mirar directamente a través de la cámara.

     Los ecos de las tradiciones pictóricas en las fotografías de Juan Rulfo son más hipotéticos que su relación con otras en cuanto al tema y la composición. Existen paralelismos entre algunas imágenes de Rulfo y las fotografías tomadas por Manuel Álvarez Bravo (1902-2002) antes, durante y después de los años en que Rulfo utilizara su cámara (aproximadamente entre 1940 y 1965). Hay fotografías tomadas por Rulfo que se emparientan con imágenes de Álvarez Bravo. Y Álvarez Bravo es sólo el ejemplo más obvio de tales ecos; existen también similitudes con fotografías de Tina Modotti y Edward Weston.

     Pero también podemos hallar asociaciones con la producción fotográfica posterior. Encontramos,  por ejemplo, cierta correspondencia entre las fotografías de Mariana Yampolsky en Estancias del olvido, y las ficciones y fotografías de edificios en ruinas que tomó Rulfo.

     Recordando sus primeros años juntos, Clara Aparicio ha descrito a Rulfo y a su Rolleiflex como inseparables. Pero hacia la época del Homenaje Nacional, en 1980, Rulfo no había usado su cámara con regularidad desde principios de los sesenta. Si este periodo marcó el fin de sus fotografías, fue también el final de una etapa de su vida. La década anterior había sido intensamente laboriosa y pública. Fue durante ese periodo cuando publicó sus dos grandes libros de ficción, El llano en llamas (1953) y Pedro Páramo (1955), escribió su novela corta El gallo de oro (1958) e hizo una importante contribución al cine a través de dos películas avant-garde: El despojo (1959), en colaboración con Antonio Reynoso, y La fórmula secreta (1964), donde colaboró con Rubén Gámez. El trabajo más importante de Rulfo después de este periodo lo llevó a cabo en el Instituto Nacional Indigenista, donde se hizo cargo de las publicaciones, cerca de setenta volúmenes a lo largo de veintitrés años; de modo que el término “antropólogo” podría añadirse al de “escritor” y fotógrafo” en cualquier breve descripción de Juan Rulfo.

Las razones por las cuales una nueva generación de fotógrafos —la generación de Graciela Iturbide— puede no haber conocido la fotografía de Rulfo tienen que ver, finalmente, con la reticencia y modestia de Rulfo. Él pudo haber ejercido alguna presión para que estas fotografías fueran publicadas, pero lo hizo en pocas ocasiones. Casi a pesar suyo, sus dos libros adquirieron el estatus de clásicos (García Márquez y Borges lo dijeron con mayor claridad: su novela es una de las más finas novelas escritas en español y tal vez es cualquier idioma). La modestia lo caracterizó como hombre, como escritor y como fotógrafo. Y aun así nos ha dejado un extraordinario trabajo en ambos medios: la literatura y la fotografía.


Andrew Dempsey
Círculo de Arte 2005
CONACULTA


        

AURA



“Lees este anuncio: una oferta de esa naturaleza no se hace todos los días. Lees y relees el aviso. Parece dirigido a ti, a nadie más”: así comienza Aura, novela hechizante, donde lo verdadero es lo imposible, donde el amor a la vez sacrifica y devuelve la vida, y la inmortalidad tiene un precio que algunos están dispuestos a pagar.
     Pocos textos de la literatura mexicana de imaginación tienen la belleza y la expresividad de este relato en que los procedimientos de la ficción están llevados a sus últimas consecuencias. Las imágenes del sueño alteran la realidad o la realidad se ve contaminada por el sueño. El hecho es que Carlos Fuentes, dueño de todos sus recursos, empleando una nueva, eficaz libertad literaria que revive antiguos mitos e inventa símbolos nuevos, ha dado aliento a una atmósfera de sombras y ecos donde está manifiesto el tema de verdadera identidad, donde el erotismo es una afirmación invencible de la vida y donde el amor vuelve a unirse, por encima del tiempo, a través del mal y de la muerte.
     Aura es más que una intensa historia de fantasmas: es una lúcida y alucinada exploración de lo sobrenatural, un encuentro de esa vaga frontera entre la irrealidad y lo tangible, esa zona del arte donde el horror engendra la hermosura.

Ediciones Era 2012