miércoles, 24 de enero de 2018

UN RETAZO DE TODOS LOS DÍAS

               

                                                    Hacía tantos años que no alzaba la cara,
                                                    que me olvidé del cielo.
                                                    Juan Rulfo                           
                                                     
Los otros no tienen nombre
nunca fueron bautizados
se les conoce como los otros
sin madre, ni padre, ni padrinos
sin ancestros, nacieron sin apelativos
por eso son los otros.
Son los desheredados, los que trafican
con el frio que les amarra la piel a los huesos
con el hambre pegada a las tripas
secos y resecos como ciruelas pasa.
Calados por el poco sudor que sudan
por el sol que nunca sombrea
entre el sílice de las piedras rotas.
Ellos son hormigas en la tierra agrietada
en el noveno paraíso sin historia
en el rosario de todos los días.
Por eso son los otros, los sin nombre
siempre despatarrados y sucios
oliendo como los chivos que cuidan
doblegados por la desazón del destino
con la cara tiesa como palúdicos.
Los otros no conocen las estrellas de siempre
porque las tienen dentro de los ojos cenizos.
Santa Inocencia, ruega por todos ellos.
Por los desheredados
por los hijos pródigos
por los sietemesinos
por los parias
por los fugitivos
por los que no tienen nombre.

José González Gálvez 

Finales de enero de 2015


Fotografía de Juan Rulfo


EN LA ALCOBA DE UN MUNDO


El cielo todo lo sabe. La luna conoce todos los sueños. La noche es cómplice del secreto de los cuerpos que se rozan, del amor que no se puede dejar en otro país y persigue, ata, envenena, acecha. El amor, la separación, la ausencia. El amor como algo demasiado nuevo, demasiado fuerte aún. El amor, demasiado terrible separarse. Cuerpo, alma. Eso es lo que veo en el desierto de mi insomnio.


Pedro Ángel Palou
Editorial Planeta Mexicana 2017

COMO AGUA PARA CHOCOLATE


Las mujeres solemos escribir triste. [...]. Nos entume la nostalgia, nos engarrota el recuerdo, nos vence la cotidianidad que todo lo cubre con la grisura de su polvo. [...] Pero un libro como "Como agua para chocolate. Novela de entregas mensuales con recetas, amores y remedios caseros" nunca lo había visto en el valle de lágrimas de la literatura mexicana [...]. Empecé a leerla de mal talante, el grueso manuscrito de más de doscientas páginas pesándome sobre las rodillas; a partir de la página quince el tiempo se me fue volando y al terminarlo bendecía yo a Laura Esquivel, la cubría de besos, tenía ganas de conocerla, casarme con ella, llorar de felicidad sobre las cebollas finamente picadas, gozar del olor que despiden sus guisos, conocer a fondo todas sus recetas de vida, moles, especias, pelar ajos y limpiar chiles.

Elena Poniatowska





ELEGÍAS DE DUINO


La primera elegía

 ¿Quién, si gritara yo, me escucharía
en los celestes coros? Y si un ángel
inopiadamente me ciñera
contra su corazón, la fuerza de su ser
me borraría; porque la belleza no es
sino el nacimiento de lo terrible; un algo
que nosotros podemos admirar y soportar
tan sólo en la medida en que se aviene,
desdeñoso, a existir sin destruirnos.
Todo ángel es terrible. Así yo, ahora
sepulto, con oscuros sollozos en mi pecho
mi grito de socorro. ¿A quién podremos recurrir?
Ni a los hombres ni a los ángeles.

Rainer Maria Rilke


Fragmento. Versión de Juan Rulfo


sábado, 30 de septiembre de 2017

LISBOA Y LOS FANTASMAS DE LA AUSENCIA


Todos hemos experimentado alguna vez la sensación, pero nos ha faltado la palabra ideal para nombrarla. Hablamos entonces de una nostalgia que duele hondo, algo así como un quejido fantasmal que corre por las venas y se instala en el tuétano para recordarnos las ausencias marinas que nos habitan. Los portugueses, que en esto de navegar los mares de la tristeza poética tienen callo de almirantes, bautizaron a esta inquietante sensación como saudade.

Cuando una persona es invadida por la saudade, lo mejor que contrae es un inmenso deseo de escribir poemas. Cada poema no es ya, pues, algo que leemos, sino concretamente una cosa que nos pasa y que nos duele, que enciende los fuegos más recónditos del alma. Los poemas son, por tradición, un canto triste, de textura quimérica y extensión oceánica. La saudade es una sensación que nace, crece, se reproduce y se estremece a partir de un silencio solitario y estruendoso. Acaso el más sonoro de todos los silencios en mitad del más terso de todos los naufragios.


Xavier Velazco 

TRATOS Y RETRATOS


Entrevista de Silvia Lemus a Elena Poniatowska


La astronomía se hace en las placas, tomas placas y después esas placas las observas durante horas y ahí es donde descubres las estrellas. Él (Guillermo Haro) descubrió muchas estrellas, las estrellas Theta Tauri, enanas blancas, y dijo que había descubierto una estrella que le iban a poner el nombre de Paula Haro, pero yo creo que no alcanzó a ponerla. Pero sí hay una constelación Poniatowski en el cielo, entonces ya por lo menos del lado Poniatowski ya hay algo en el cielo. Hay dos cosas muy poéticas, una constelación y una rosa, que se llama la rosa Poniatowska, y no sé qué rosa será ni de qué color. 


MESTIZO


Para Alba Malpica.

La Mar Océana en la placidez de su extensión, regurgita olas pardas como lomos de manatíes que se soñaron sirenas. Todo es calma, pero no silencio, porque el rumor de la mar es continuo, pausado, rítmico, en un vaivén de oleaje perpetuo. No existe infinito porque no existen fronteras que puedan contener una mar tan grande en un planisferio de navegante.

     De pronto la tranquilidad se ve rota por una arteria eléctrica. Un despliegue de luz anuncia la presencia de la divina serpiente emplumada, que se ondula y se busca a sí misma para morderse la cola, encerrada en un fonograma de chirimías y timbales.

     La tormenta fosforescente se calma, la serpiente con plumas de quetzal se pierde en el cielo interminable. Asciende convertida en estrella.

     La mar vuelve a la calma hasta que se ve interrumpida por tres enormes casas flotantes que despliegan sus velas como alas de gaviota. Son las carabelas que traen de otro continente a los hombres blancos y barbados, a los coalli prometidos, a la peste, a la guerra.

    Imperturbable, dentro de su majestuosidad de astro, la divina serpiente espera.

José González Gálvez 

Coatzacoalcos Veracruz 2008




LA CASA ETERNA DE OCTAVIO PAZ


OCTAVIO PAZ LOZANO, nació en la ciudad de México el 31 de  marzo  de 1914 en una vieja casona ubicada en Mixcoac. Fue poeta, narrador, ensayista, traductor y editor. Estudió en las facultades de  Leyes y Filosofía y Letras de la Universidad Nacional. Publicó su primer libro de poesía, “Luna silvestre”, en 1933. Conforman su obra poética quince títulos.

Como ensayista, produjo trabajos de una relevancia indiscutible, no sólo en el ámbito literario sino también en la discusión política, moral y filosófica de las ideas. “El laberinto de la soledad” (1950) constituye una de sus más lúcidas reflexiones en torno del espíritu nacional y de la idiosincrasia del mexicano.

Fungió además como editor y divulgador de la cultura mexicana y universal. Fundó y dirigió las revistas “Barandal” (1931), “Taller” (1938-1941), “Plural” (1971-1976) y “Vuelta” (1976).

En 1955 constituyó  el grupo poético “Poesía en Voz Alta”, conjuntamente con Juan José Arreola, Juan José Gurrola, Juan Soriano, José Luis Ibáñez, Héctor Mendoza y Leonora Carrington; y posteriormente inició una colaboración en la “Revista mexicana de literatura” y en “El corno emplumado”. En ambas publicaciones defendió las posiciones experimentales del arte contemporáneo.

A partir de 1991 dio inicio la publicación de sus “Obras completas”, ordenadas y revisas por él mismo, planeadas en catorce volúmenes con casi la totalidad de su fecunda tarea literaria.

En 1990 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura. Al respecto,  Paz mencionó en una entrevista: “El Nobel no es un pasaporte a la inmortalidad. La relativa inmortalidad de las obras literarias y artísticas lo da la calidad.

Tres mujeres marcaron definitivamente la vida de Octavio Paz: Elena Garro, Bona Tibertelli de Pisis y Marie-José Tramini. Para el creador de poemas, las mujeres que duermen a su lado: “se convierten, con sus monumentos y sus estatuas, sus historias y sus leyendas, en un manantial hecho de muchos ojos y cada ojo refleja el mismo paisaje detenido”.

Paz se mantuvo siempre en el centro de la discusión artística, política y social del país. Su poesía se adentró en los terrenos del erotismo, la experimentación formal y la reflexión sobre el destino del hombre.

La noche del 19 de abril de 1998, víctima de cáncer, fallece a la edad de 84 años en la Casa Alvarado de Coyoacán.

                    “Mi casa fueron mis palabras. Mi tumba el aire” 

 José González Gálvez 

Septiembre de 2010

jueves, 31 de agosto de 2017

CIRCUNLOQUIOS

Me desbordo
como miel sobre tus labios
lento
gota a gota
resbalando
por un cuello de Modigliani,
areolas extendidas
pezones erguidos
escurriendo
con parsimonia,
llegar al ombligo
luego la oquedad de carne transida
un espasmo inconcluso
himen fanerógama herida
savia que sabe a fruto marino.

José González Gálvez 


Abril de 2004


Imagen: Amedeo Modigliani 

El amor según EISEMBERG


X

Si el corazón cambia de amores
no avisa del extravío:

A rastras se interna por senderos
donde encuentra que la luz
es combustible puro

A ti también te hallo
Lo anoto aquí
con esa misma
       luz sobre los párpados


Ignacio García