sábado, 30 de septiembre de 2017

MESTIZO


Para Alba Malpica.

La Mar Océana en la placidez de su extensión, regurgita olas pardas como lomos de manatíes que se soñaron sirenas. Todo es calma, pero no silencio, porque el rumor de la mar es continuo, pausado, rítmico, en un vaivén de oleaje perpetuo. No existe infinito porque no existen fronteras que puedan contener una mar tan grande en un planisferio de navegante.

     De pronto la tranquilidad se ve rota por una arteria eléctrica. Un despliegue de luz anuncia la presencia de la divina serpiente emplumada, que se ondula y se busca a sí misma para morderse la cola, encerrada en un fonograma de chirimías y timbales.

     La tormenta fosforescente se calma, la serpiente con plumas de quetzal se pierde en el cielo interminable. Asciende convertida en estrella.

     La mar vuelve a la calma hasta que se ve interrumpida por tres enormes casas flotantes que despliegan sus velas como alas de gaviota. Son las carabelas que traen de otro continente a los hombres blancos y barbados, a los coalli prometidos, a la peste, a la guerra.

    Imperturbable, dentro de su majestuosidad de astro, la divina serpiente espera.

José González Gálvez 

Coatzacoalcos Veracruz 2008




LA CASA ETERNA DE OCTAVIO PAZ


OCTAVIO PAZ LOZANO, nació en la ciudad de México el 31 de  marzo  de 1914 en una vieja casona ubicada en Mixcoac. Fue poeta, narrador, ensayista, traductor y editor. Estudió en las facultades de  Leyes y Filosofía y Letras de la Universidad Nacional. Publicó su primer libro de poesía, “Luna silvestre”, en 1933. Conforman su obra poética quince títulos.

Como ensayista, produjo trabajos de una relevancia indiscutible, no sólo en el ámbito literario sino también en la discusión política, moral y filosófica de las ideas. “El laberinto de la soledad” (1950) constituye una de sus más lúcidas reflexiones en torno del espíritu nacional y de la idiosincrasia del mexicano.

Fungió además como editor y divulgador de la cultura mexicana y universal. Fundó y dirigió las revistas “Barandal” (1931), “Taller” (1938-1941), “Plural” (1971-1976) y “Vuelta” (1976).

En 1955 constituyó  el grupo poético “Poesía en Voz Alta”, conjuntamente con Juan José Arreola, Juan José Gurrola, Juan Soriano, José Luis Ibáñez, Héctor Mendoza y Leonora Carrington; y posteriormente inició una colaboración en la “Revista mexicana de literatura” y en “El corno emplumado”. En ambas publicaciones defendió las posiciones experimentales del arte contemporáneo.

A partir de 1991 dio inicio la publicación de sus “Obras completas”, ordenadas y revisas por él mismo, planeadas en catorce volúmenes con casi la totalidad de su fecunda tarea literaria.

En 1990 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura. Al respecto,  Paz mencionó en una entrevista: “El Nobel no es un pasaporte a la inmortalidad. La relativa inmortalidad de las obras literarias y artísticas lo da la calidad.

Tres mujeres marcaron definitivamente la vida de Octavio Paz: Elena Garro, Bona Tibertelli de Pisis y Marie-José Tramini. Para el creador de poemas, las mujeres que duermen a su lado: “se convierten, con sus monumentos y sus estatuas, sus historias y sus leyendas, en un manantial hecho de muchos ojos y cada ojo refleja el mismo paisaje detenido”.

Paz se mantuvo siempre en el centro de la discusión artística, política y social del país. Su poesía se adentró en los terrenos del erotismo, la experimentación formal y la reflexión sobre el destino del hombre.

La noche del 19 de abril de 1998, víctima de cáncer, fallece a la edad de 84 años en la Casa Alvarado de Coyoacán.

                    “Mi casa fueron mis palabras. Mi tumba el aire” 

 José González Gálvez 

Septiembre de 2010

jueves, 31 de agosto de 2017

CIRCUNLOQUIOS

Me desbordo
como miel sobre tus labios
lento
gota a gota
resbalando
por un cuello de Modigliani,
areolas extendidas
pezones erguidos
escurriendo
con parsimonia,
llegar al ombligo
luego la oquedad de carne transida
un espasmo inconcluso
himen fanerógama herida
savia que sabe a fruto marino.

José González Gálvez 


Abril de 2004


Imagen: Amedeo Modigliani 

El amor según EISEMBERG


X

Si el corazón cambia de amores
no avisa del extravío:

A rastras se interna por senderos
donde encuentra que la luz
es combustible puro

A ti también te hallo
Lo anoto aquí
con esa misma
       luz sobre los párpados


Ignacio García

sábado, 15 de julio de 2017

JUAN RULFO: FRASE


CARTA A LOURDES MARÍN



Buenas noches mi querida amiga Lulú, sabes estoy leyendo muy emocionado la novela “Leonora” de Elena Poniatowska. Te cuento que el separador que me acompaña, es el  que tan amablemente me trajiste de Tailandia, uno de madera que tiene como altorrelieve dos hermosos paquidermos ¿lo recuerdas?

Dime amiga, ¿como encontraste a tu papá?, guardo como anécdota, el relato del paciente que salía del hospital y que debido al encontronazo que tuvo con el auto que manejaba tu papá, volvió a regresar para ser nuevamente atendido. Así me lo contaste y así lo tengo fijado.

Mira, quiero enviarte una crónica del Taller de los Bernales, es de mi autoría, pero la siento falta de engranaje, es para incluirla en el blog, y me será de mucha tranquilidad que la revises y me des tu opinión.

Muchas gracias amiga de lujo. Te envío como siempre un abrazo fortísimo.

Posdata: saludos al Negrito

José González Gálvez 


Martes 12 de abril 2011

EL PASEO


Para Omar Béjar Gómez

En el país de los ciegos el tuerto es rey, y en el país de los reyes los ciegos son pordioseros, vociferaba mi abuelo Asdrubal II, bautizado así en memoria de un emperador sanguinario y caníbal del lejano oriente; cuando pasaba la hilera de invidentes harapientos que caminaban en fila, tomados del hombro, uno a uno, por la mano derecha del otro, como imágenes grotescas escapadas de una pintura de Brueghel el Viejo.

Transitaban parsimoniosamente, con la lentitud propia de los discapacitados, como si fueran tortugas sedientas, formando el cabalístico número siete, cubiertos con sus gorros frigios y sus mantos deshilachados a modo de capas españolas, con sus pantalones remendados y parchados como payasos en decadencia, bajo el baño inclemente del sol de mayo.

A pesar de sus gritos desaforados, mi abuelo vivía atemorizado, porque en el fondo aunque no lo dijera, temía finalizar como ellos, limosneando todos los sábados los veinte centavos de pan dulce y el cuartillo de leche de vaca. Por eso los insultaba, por miedo, por un dolor que era inútil sentirlo, porque mi abuelo nunca acabaría como los ciegos que odiaba. Era un hombre acaudalado, dueño de tierras que ya habían perdido sus límites por el paso de las generaciones.

Por eso soy un muchacho apaciguado, que prefiere fumar la pipa de la paz de las conciencias en orden y la seguridad de una vejez acomodada, meciéndome en un sillón de madera y respirando el perfume tranquilo de las glicinas y los geranios.

José González Gálvez 


Diciembre de 1988

lunes, 22 de mayo de 2017

CORPOREIDAD



La noche gozosa
se esconde entre las sábanas
de tu cuerpo.

José González Galvez 

Principios de agosto de 2016


Imagen: Arnold Belkin

LA FÓRMULA SECRETA



I

Ustedes dirán que es pura necedad la mía,
que es un desatino lamentarse de la suerte,
y cuantimás de esta tierra pasmada
donde nos olvidó el destino.

La verdad es que cuesta trabajo aclimatarse al hambre.

Y aunque digan que el hambre
repartida entre muchos
toca a menos,
lo único cierto es que todos aquí
estamos a medio morir
y no tenemos siquiera
donde caernos muertos.

Según parece
ya nos viene de a derecho la de malas.
Nada de que hay que echarle nudo ciego a este asunto.
Nada de eso.
Desde que el mundo es mundo
hemos echado a andar con el ombligo pegado al espinazo
y agarrándonos del viento con las uñas.

Se nos regatea hasta la sombra,
y a pesar de todo así seguimos:
medio aturdidos por el maldecido sol
que nos cunde a diario a despedazos,
siempre con la misma jeringa,
como si quisiera vivir más el rescoldo.
Aunque bien sabemos
que ni ardiendo en brasas
se nos prenderá la suerte.

Pero somos porfiados.
Tal vez esto tenga compostura.

El mundo está inundado de gente como nosotros,
de mucha gente como nosotros.
Y alguien tiene que oírnos,
alguien y algunos más,
aunque les revienten o reboten nuestros gritos.
No es que seamos alzados,
ni es que le estemos pidiendo limosnas a la luna.
Ni está en nuestro camino buscar de prisa la covacha,
o arrancar pa´l monte
cada vez que nos cuchilean los perros.

Alguien tendrá que oírnos.

Cuando dejemos de gruñir como avispas en enjambre,
o nos volvamos cola de remolino,
o cuando terminemos por escurrirnos sobre la tierra
como un relámpago de muertos,
entonces
tal vez llegue a todos el remedio.

II

Cola de relámpago
remolino de muertos.
Con el vuelo que llevan,
poco les durará es esfuerzo.
Tal vez acaben deshechos en espuma
o se los trague este aire lleno de cenizas.
Y hasta pueden perderse
yendo a tientas
entre la revuelta oscuridad.
Al fin y al cabo ya son puro escombro.
El alma se ha de haber partido
de tanto darle potreones a la vida.
Puede que se acalambren
entre las hebras heladas de la noche.
O el miedo los liquide
borrándoles hasta el resuello.

San Mateo amaneció ayer con la cara ensombrecida.
                                                     Ruega por nosotros.
Ánimas benditas del purgatorio.
                                                      Ruega por nosotros.
Tal alta que está la noche y ni con qué velarlos.
                                                      Ruega por nosotros.
Santo Dios, Santo Inmortal.
                                                       Ruega por nosotros.
Ya están todos pachiches de tanto que el sol les ha sorbido el jugo.
                                                       Ruega por nosotros.
Santo san Antoñito.
                                                       Ruega por nosotros.
Atajo de malvados, retahíla de vagos.
                                                       Ruega por nosotros.
Cáfila de bandidos.
                                                       Ruega por nosotros.
Al menos éstos ya no vivirán calados por el hambre.

Imagen: Rubén Gámez

VAMOS AL CIRCO



Con más de 120 textos de escritores de Argentina, Colombia, España, Estados Unidos, Perú, Venezuela y México, esta antología presenta relatos sorpresivos y breves inspirados en las evocaciones de los actos prodigiosos de gente insólita.

Antólogos
Agustín Monsreal
Fernando Sánchez Clelo