sábado, 1 de noviembre de 2014
SOLO QUIERO QUE ME QUIERAN
Para Rainer Werner
Fasbinder: In memoriam
Tengo once años de
navegar en la superficialidad de los amores fatuos, y siempre encallo en las
ínsulas más extrañas, llenas de arenas falsa que con el tiempo se convierten en
fango. La premisa es tan simple: sólo
quiero que me quieran.
Pero por lo visto
debo seguir navegando a través de aguas turbulentas, posiblemente hasta que el
velamen amplio de mi embarcación se convierta en hilachos. Me han fallado el
astrolabio y el sextante, y la brújula parece girar en sentido contrario.
He atracado en
muelles diferentes, pero existe un extraño sortilegio, no puedo declarar en la
aduana el impuesto más caro que existe. Siempre abandono el puerto con el
corazón devastado, y con unas cicatrices profundas marcadas por el desasosiego.
No creo sucumbir al
canto de las sirenas, pienso que mi destino es una isla ignota llamada: soledad. Ahí acabaré con mis huesos
blanqueados por la sal del viento, hasta que se conviertan en esquirlas tan
diminutas que no se puedan localizar ni con lupa.
Septiembre de 2005
POR SIEMPRE OCTAVIA
Te soñé junto a mi
cuerpo, pródiga, saturada de almizcle. Desperté bañado en sudor, deshidratado,
con la garganta seca, incapaz de pronunciar tu nombre.
Las sesiones de
fotografía eran extenuantes, bajo un horario insoportable. Pero tú permanecías
fresca, con tu cabellera rizada encendida en fuegos fatuos, con los pechos
turgentes y tus muslos, columnas jónicas de prístino alabastro. La exposición
debía montarse para fines de octubre, trabajábamos con ahínco desde hacía dos
meses, aún faltaban varias tomas, pero lo más difícil era el revelado, capturar
la nitidez de tu piel en el espacio limitado de una habitación vacía.
-Alejandro –me
dijiste.
-¿Pasa algo?
-Estas sudando
muchísimo, tienes la camisa empapada.
Octavia tu voz me
diluye, me desquicia. Te deseo en todo momento y me conformo con sobarme los
genitales para no ladrar y devorarte a besos. Terminamos por hoy, te vistes con
lentitud, pensando cada movimiento, levantando tu ropa con una parsimonia caso
ofensiva. Las bragas minúsculas que apenas ocultan tu boscaje, la falda de
gitana ridículamente larga, la blusa transparente y escotada, las sandalias, el
turbante. Te invito a cenar y me rechazas, te propongo ir a bailar y me callas
con tu silencio. Te marchas envuelta en tu chal de gasa, con el ruido de una
docena de pulseras de plata y el olor penetrante del pachuli.
-Quiero que me
retrates con el rostro cubierto con una máscara africana. La diosa de la
fertilidad –Sonreíste.
Tu voz Octavia, me
deja sin palabras.
-Por favor con un
alcatraz entre los brazos. Una cala magnífica como las que pintó Tamara de
Lempicka.
Octavia si me
pidieras los ojos te los daba.
Esa noche te sueño
nuevamente. Dormida. Levitando sobre el mar de aguas inquietas, un oleaje casi
embravecido, rugiendo sin cesar. Tu nombre me cierra la garganta.
Continuamos gastando
cientos de película bajo el calor insoportable de los reflectores. Tomas,
poses, movimientos lentos, espaldas, torsos, piernas. Clic, clic, clic. Canon
de Pachelbel a todo volumen. No hay horarios. Octavia quédate así, no te
muevas, abre más los labios, baja los párpados, las manos en el cuello,
voltéate, la cabeza de lado. Así, así.
-Alejandro, estás
sudando de nuevo. Quítate la camisa, te puede hacer daño. ¿Por qué tiemblas?
-¿Puedo pedirte un
favor? Déjame mirarte.
-Tonto, mi miras todo
el día a través de una lente.
-Abrázame.
-No empieces
Alejandro. Soy modelo profesional, no puta de banqueta.
-Octavia, déjame
tocarte.
Puedo ser un idiota,
un jodido fotógrafo clasemediero, ambulante, de feria de pueblo; pero lo que no
puedo negar es que estoy emperrado por ti hasta el tuétano.
-Alejandro, me
ofrecen un comercial para Appleton
Special. Con el salario podría salir de algunas deudas.
-¿Aceptaste?
-No yet, but I
think…
-No trates de
disculparte en otro idioma. Tómalo, te conviene.
-Pero las
fotografías, la exposición.
- Por ti puedo
esperar hasta el día del Juicio Final.
Quiero olvidarte pero
no puedo, y me siento tan lastimado. La noche irrumpe con prisa y no quiero
soñarte, me debilitas. Aprobaste el casting
para el estelar de un mediometraje. Ahora te veo en las pantallas grandes,
flotando en el espacio de una noche infinita.
Mañana me voy a Valle
de Bravo. Tengo fotos pendientes. San José Purúa, Catemaco, Tabasco. Esta por
publicarse un libro. Trabajo fascinante, buena paga. Por el momento es
suficiente.
Por conseguirte
Octavia, te busqué un amante, un joven impetuoso, “un macho hermoso,
acostumbrado a causar placer” fiel descripción de la sublime Antonieta Rivas
Mercado. Pero el experimento no resultó, lo despediste en un abrir y cerrar de
labios. Entonces busqué a una mujer, una matrona de tetas magníficas dispuesta
a continuar amamantándote. Pero tampoco surtió efecto. Desesperado, te conseguí
un viejo proxeneta, pero me mandaste al carajo.
Te encuentro y eres
estatua de sal que aún no ha volteado a verme.
Casi no me hablas, te
concretas a cumplir tu trabajo con una disciplina espartana que a veces me
asusta por la severidad de las reglas que te impones. Existe un enigma que no
logro desentrañar. Mírame Octavia, me muerto por besarte. Sonríes como maja
consciente de su belleza, eres concubina, tehuana, sirena, prima ballerina, novicia, marquesa. Posas todas las noches y te
sueño nadando en un mar sin límites. Ayer descubrí parte de tu secreto: temes
enamorarte.
-El trabajo antes que
nada –Dijiste.
-Eres un ángel que
perdió sus alas en una ciudad sin voces.
-No te burles
Alejandro. Soy una mujer que ama su trabajo y su salario, una mujer de carne y
hueso, con errores, muchos defectos y falta de sueño. Si pudiera dormir para
siempre.
-No sabes lo que
dices.
-No puedo dormir. Me
paso la noche caminando en silencio como aparecida.
-Yo sin embargo me
paso la noche soñándote. Si supieras. Te veo entre mis brazos durmiendo después
del placer.
-El placer es un vaso
con agua mineral helada y tres gotas de jugo de limón.
-Octavia, juegas con
mi amor.
-Así de simple
Alejandro, tu detrás de las cámaras, yo aquí posando. ¿Ves? Así de simple.
-Demasiado cruel.
Ahora no puedo dormir
pensando que tú tampoco duermes. Hemos perdido la capacidad de razonar. Prendo
la televisión, la apago. Enciendo un cigarrillo, se consume entre mis dedos.
Abro la ventana, siento frío. Cierro la ventana, hace calor. Naufragamos
Octavia, convertidos en rocas como imágenes de Magritte. La amargura es un mar
dolido.
Estoy desnudo, recostado
en un sofá de muaré gris perla. Jugando a la ruleta rusa con una vieja pistola que
ignoro si está cargada. Mientras tú Octavia, en el lugar donde te encuentras
corres todas las cortinas sin prisa, hurgas entre tu enorme bolsa de húngara
hasta encontrar un pequeño sacapuntas. Sonríes con dolor. Intuitivamente te
tocas los labios resecos con la yema de los dedos.
-Así de simple
Octavia. Los dos somos cómplices de nuestro destino.
Noviembre de 2008
martes, 3 de junio de 2014
EXTRAÑA PASIÓN EN EL FONDO DEL MAR
Rafita se revolvió en la
cama. Convulso, jadeante, húmedo, dejó que su mirada se blanqueara como el
mármol mientras le lamian los pies. Hacía cuatro meses que se había topado con
un extranjero en la pantalla de su laptop.
Febril por su hallazgo, descuidó la
retaguardia de su verdadera misión de sometimiento y esclavitud, en ese espacio
sin límites de la cibernética. Noche tras noche, Rafita y el extranjero, se
daban cita como amantes furtivos frente a un cristal de luz, que reproducía
nítidamente sus rostros. Se veían, hablaban, hacían gestos, bromeaban, se
comparaban y medían, recordaban desamores, ocasionalmente se ponían
tristes porque sus secretos más
recónditos quedaban libres y se abrían como flores misteriosas que han
permanecido recluidas en un invernadero. Sin darse cuenta, sin sospecharlo
siquiera, ambos quedaron atrapados en
los lazos invisibles de una complicidad secreta. Crecieron como raíces en lo
más profundo del corazón. Un otoño memorable, el extranjero salió sin
contratiempo alguno de la pantalla fluorescente.
Regresó esa tarde del
trabajo, abatido como siempre, por la incertidumbre de una soledad perniciosa
que le mordía los intestinos. Se quitó el pullover y el polo, en silencio
caminó hasta la recámara. Antes de entrar se acordó que había dejado encendida
la computadora, pero ya no pudo hacer más conjeturas, porque se sobresaltó al
encontrar sobre su cama el cuerpo desnudo de un hombre que no lo miraba, solo
se concretaba a nadar entre la colcha y las almohadas, izando como velamen un
par de nalgas redondas. Rafita no daba crédito a lo que veía, enmudecido dejaba
que el agua de una mar insólita mojara sus pupilas. Lentamente se fue quitando
el resto de la ropa hasta quedar también desnudo. Como buzo se sumergió en ese
océano recién descubierto y sucumbió dócilmente al canto de las sirenas.
Su
vecina, una solterona intrigante, lo encontró varado en los pasillos del
edificio.
José González Gálvez
Enero de 2014
sábado, 26 de abril de 2014
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ (FRASE)
Nunca
dejes de sonreír,
ni siquiera cuando
estés triste,
porque nunca sabes
quién se
puede enamorar de tu
sonrisa.
TU PIEL ETERNAMENTE
Ismael compartió su tiempo conmigo. En el espacio
de una alcoba, descubrimos paso a paso nuestros cuerpos como ciegos que leen
Braille. La experiencia fue increíble
como una luz en silencio, un intermezzo palpitante.
Guardo el grato sabor
de su piel en mi boca y la sensación de sus dedos entrelazados en mis manos. Su
calidez invadió mis sentidos, en una onda ascendente que terminó electrizandome
la curvatura del abdomen.
La memoria es una caja
registradora de emociones varias. Tu recuerdo lo conservaré por siempre entre
las páginas de mi diario, como los pétalos de una flor seca por el paso de los
años.
Junio de 1993
VALS ENCERRADO EN UNA CAJA DE RESONANCIA
Para Helena Rojo
Bajo tu cabellera trenzada con perlas
la serpiente que tentó a Eva
se enrosca en tu cuello desnudo.
Son muchas tus dudas
son muchas tus penas.
Una ráfaga de celos involucra a Desdémona
fue inútil el sacrificio de Ifigenia
el horizonte se tiñe de añil
el cielo se cuaja de estrellas
Penélope desteje su tela
en el balcón aguarda Melibea
Isolda se cansó de esperar
Julieta sufre una pena de amor
bajo los árboles sueña Dulcinea
Scherezada olvidó su historia
el océano es más profundo
la lluvia más densa
Malintzin corrigió sus lenguas.
Pero Helena las espera a todas
en sus ojos hay paz de sirenas
en sus labios sabor a menta fresca.
Las espera fotografiada por Anibal Angulo
bañada en sol de oro
en luz que es mercurio amarillo.
Dirigida por Corkidi en “Angeles y querubines”
en su lecho de margaritas y crisantemos
con su traje de veinte mil perlas.
Las espera en silencio
Como esfinge
Como espejo
Como imagen
serena.
Enero de 2000
LOS CUENTOS DE LILUS KIKUS (RESEÑA)
Hace algunos años, tal vez
trece o quizá un poco menos, apareció un libro de sueños: los tiernos sueños de
una niña llamada Lilus Kikus para quien la vida retoñó demasiado pronto
Lilus sabía poner
orden en el mundo sólo con estarse quieta, sentada en la escalera espiral de su
imaginación, donde sucedían las cosas más asombrosas, mientras con los ojos
miraba cómo se esfumaba el rocío y un gato se mordía la cola o crecía la
sonrisa de la primavera. Luego, de pronto, sentía que los limones estaban
enfermos y que sólo inyectándoles café negro con azúcar podía aliviarlos de su
amargura.
Pero Lilus era
también endiabladamente inquieta: corría a preguntarle a un filósofo si él era
el dueño de las lagartijas que tomaban el sol fuera de su ventana.
También divagaba en
cómo hacerle a Dios un nido en su alma sin cometer adulterio e investigaba con
su criada Ocotlana de qué tamaño y sabor eran los besos que le daba su novio.
Todo en este libro es
mágico y está lleno de olas de mar o de amor como el tornasol que sólo se
encuentra, tan sólo en los ojos de los niños.
Juan Rulfo
Ficción Universidad Veracruzana 1967
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